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  • Edición impresa de Mayo 3, 2016.

La Columna • Lo que diga la Corte

Lo que decida la Corte Suprema de Justicia en los próximos meses, cuando dicte un fallo que determine si el presidente Barack Obama excedió sus poderes o no, señalará en gran medida el curso moral que regirá en Estados Unidos de aquí en adelante.

Y es que la Corte no sólo decidirá -en el caso “United States v. Texas”- la legalidad de la demanda entablada por Texas y otros 25 estados a los alivios migratorios otorgados por el presidente Obama a cerca de cinco millones de inmigrantes indocumentados: decidirá sobre el futuro de esos cinco millones, sobre el futuro de las familias que construyeron este país y sobre el lugar que ocupa la familia en la escala de valores estadounidense.

¿Cuál será de aquí en adelante el medidor de los Estados Unidos de América a la hora de determinar quién tiene derecho a mejorar, a procurar el bienestar de su familia, a mantener a su familia unida, a escapar del peligro?

La Corte deberá decidir sobre la constitucionalidad de la llamada Acción Diferida para Padres de Americanos (DAPA), y al hacerlo estará juzgando a aquellos que han buscado en los Estados Unidos de América un futuro mejor, tranquilo y seguro, en el que sus hijos no estén obligados a crecer rodeados por la violencia callejera, pobreza y la certeza del no futuro.

El pasado 18 de abril, en la Suprema Sala, los 8 jueces vitalicios escucharon los testimonios de aquellos que en ese momento representaban a los miles de Juanas, Joaquines y Marías que han dejado todo atrás, superando pasados, miedos, desiertos, ríos y océanos para entregarle lo mejor que tienen a este país: su familia, su fuerza de trabajo y su esperanza. Y es que esos, que vienen del sur o centro de este continente, de México o de África, construyen con sus manos el mejor país del mundo.

Los jueces también escucharon a aquellos que critican la citada acción, a quienes esgrimen sus argumentos y a aquellos apurados por cierta urgencia racial que no quieren seguir viendo como “su patria” impunemente se viste de colores.

¿Podrán los estados demandantes impugnar los alivios migratorios?

¿Qué ocurrirá si se pone en riesgo la seguridad de las familias que dependen de esos alivios?

¿Qué nos espera si hay más familias separadas por la deportación?

¿Qué le espera a un país que no puede garantizar la seguridad de la unidad fundamental, que es la familia, ni proteger a sus jóvenes?

Sea cual sea, el fallo de la Corte será determinante. La situación al sur de la frontera sigue siendo más que complicada para muchos, los inmigrantes seguirán llegando, este país los seguirá necesitando, seguirá demandando su fuerza de trabajo… Entonces, ¿hasta cuándo tenemos que esperar para que en un país de inmigrantes haya una ley migratoria que funcione? Por ahora, esperemos a ver qué dice la Corte.

Para más información visita La Red Hispana.org

 

 

 


 

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