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  • Edición impresa de Mayo 3, 2016.

La ilusión del crédito

Pocas cosas son tan satisfactorias –en términos materiales- como entrar a una tienda y comprar no sólo lo que necesitamos, que suele ser poco, sino todo aquello que queremos, que suele ser mucho más.

El problema está en creer que podemos hacerlo, cuando no es así. De acuerdo con el último Reporte de Bienestar Económico entre Jefes de Hogar, realizado por la Reserva Federal en el 2015, el 76 por ciento de los encuestados reportó tener al menos una tarjeta de crédito. De ellos, el 56 por ciento afirmó haber pagado sus saldos completos cada mes en el último año; es decir que el restante 44 por ciento no lo hizo.

Pero, además, el 48 por ciento reportó haberse limitado a pagar el mínimo permitido al menos una vez en el mismo período, y un 11 por ciento hizo un avance en efectivo. Así las cosas, lo que deja ver el informe es que muchas veces gastamos más de lo que debemos o podemos. Y eso tiene sus trampas.

El crédito mal manejado puede traernos muchos problemas. Por eso la pregunta es: ¿Necesitamos realmente regalarle nuestro dinero al banco? Si usamos la tarjeta y no pagamos al final del ciclo el total de la deuda, vamos a pagar intereses. Eso es bueno para el banco, no para nosotros. Incluso, el pequeño y poderoso plástico en nuestra cartera suele venir acompañado de una dichosa cuota de manejo que tampoco da para celebrar.

Entre muchos, la experta financiera Julie Stav señaló que una buena salida, cuando estamos acosados por las cuotas interminables de la tarjeta de crédito, es consolidar los balances en uno solo. Así podrá hacerse un solo pago mensual, que puede ser menor, y bajar los intereses.

Otra opción es cancelar las deudas a través de un préstamo bancario, que quizás sea más beneficioso en términos de intereses.

Si está alcanzado, haga sus cuentas. Calculadora en mano, determine cuál es su mejor opción y, mientras lo hace, evite usar el atractivo y tentador plástico.

Recuerde que al poner en riesgo sus finanzas está arriesgando su bienestar y el de su familia. Haga un presupuesto y respételo. Hacer algunos ajustes en gastos más caprichosos que necesarios puede llegar a hacer una verdadera diferencia.

Cuando esté a punto de hacer una compra pregúntese si realmente necesita hacerla, si es una compra inteligente o si puede obtener el mismo beneficio y calidad por menor precio. Y a la hora de mercar, la estrategia de la lista es poderosa. Con lista en mano evitará comprar cosas que ya tiene o que de plano no necesita.

Ser un comprador inteligente siempre traerá más ventajas que ser uno compulsivo. No se deje envolver por la traicionera ilusión del crédito fácil.

Para más información, visita FTC.

 


 

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