El aire es el primer elemento con que estamos en contacto al nacer y la respiración es constante toda la vida. Es por esto que no la debemos tomar a la ligera. Al inhalar entra oxígeno, combustible fresco que todo el cuerpo ocupa; al exhalar sale dióxido de carbono, el deshecho de procesos internos. La respiración lenta, profunda y constante puede ayudar en diversas ocasiones y padecimientos.

En situaciones de estrés producidas por discusiones, cansancio excesivo, preocupación y ansiedad, se contraen los vasos sanguíneos, aumenta la fuerza con que se contrae el corazón y la respiración tiende a tornarse superficial y rápida. En estos momentos tómese un minuto para oxigenar su cuerpo, renovar energía y tranquilizarse. Después de respirar profundamente varias veces su cuerpo se equilibrará y podrá ver las cosas con más claridad.

En padecimientos del corazón, asma o si sufre de presión alta, adopte estos ejercicios en su vida diaria: varias veces al día respire profundamente, relaje su cuerpo y concéntrese en la respiración. Algunos estudios muestran que la respiración lenta y constante disminuye la presión arterial, puede prevenir o ayudar un estado asmático, reducir el dolor de pecho, eventos coronarios, dolor de cabeza y otros síntomas.