Aun después de las peores crisis, la vida siempre puja por aparecer. Un ejemplo de esto es como después de la controversia y dolor que la guerra trajo al país, en cada pueblo y ciudad de los estados hay cientos de adolescentes y jóvenes que se están graduando de escuelas superiores y universidades.

Aunque solo unos pocos tomaron la decisión de ponernos a todos en estado de guerra y por lo tanto, de muerte, los estudiantes continuaron moviéndose hacia el futuro, incluso cuando a veces no veían un mañana claro.

Una vez más se ve que no son los líderes los que hacen la historia, sino los humildes trabajadores quienes con su trabajo y esfuerzo diario forjan lo que vemos hoy. Cada día en la misma temporada, miles de padres en toda la nación ven que no trabajaron en vano. Ellos tuvieron que trabajar bajo condiciones dictadas por otros, muchas veces sacrificando sus sueños y teniendo que trabajar en condiciones desagradables, pero siempre pensando que la siguiente generación podría tener una mejor oportunidad que la que ellos tuvieron.

Mientras que escribo este editorial, muchas mujeres y hombres fueron a trabajar a las 8 de la noche del domingo y otros comenzarán a las 6 de la mañana. Probablemente ellos querían pasar unas horas más en la cama, pero ellos saben que las fabricas tienen que funcionar para que la economía no se derrumbre. Los trabajadores saben que ellos no han defraudado al país, no es su culpa que los llamados líderes hayan creado la “globalización” que los dejará a ellos sin trabajo y explotará a otros en otros lugares del mundo.

También los estudiantes han estudiado para alistarse para el trabajo que les espera. Han trabajado duro y están llenos de expectativas. Ojalá ellos puedan continuar estudiando no solo para tener un lugar en la escalera económica, sino que cuestiones como su estudio y trabajo esté relacionado con otros. Si ellos logran ver más allá de su necesidad individual y pueden encontrar su propia identidad en el mundo que tienen que vivir, tal vez puedan entonces cambiar las políticas que afectan a los pobres y oprimidos.

Los pueblos indígeneas de las Americas, tambien observan los ritos de transición, ellos saben que como ancianos son los guardadores de la cultura y maestros de los mitos.. Además, son respetados pues han logrado vivir al unísomo con la tierra.

En nuestras culturas se han perdido los sueños y los mitos. En su lugar el comercio ha creado burbujas falsas de necesidades y deseos. La generación antigua perdió su derecho a dirigir porque ha albergdo la muerte y la desilusión, pero la vida siempre tiene una canción para su creador. Hoy, cuando muchos se han graduado, desde el fondo del corazón elevamos una oración de agradecimiento en esta ocasión, y un gran aplauso para toda la juventud, que está llevando adelante el deseo por vivir una clase diferente de vida.