Zapatismo, año 10

Por Ignacio Ramonet, periodista

Hace diez años, el primero de enero de 1994, retomando la bandera de Emiliano Zapata, héroe de la revolución mexicana de 1910, y cuando todos los politólogos consideraban que la era de las guerrillas había concluido en América Latina, hacían espectacular irrupción en la escena política el Subcomandante Marcos y los zapatistas.

¿Por qué ese día precisamente? Porque ese primero de enero entraba en vigor el Tratado de Libre Comercio Norteamericano (North American Trade Agreement, NAFTA) firmado por Estados Unidos, Canadá y México, la cual consagraba la inserción de este país en la economía de mercado y en la lógica de la globalización liberal. Eso significaba el freno definitivo a la repartición del agro, la transformación de todas las tierras, incluso la de los ejidos, en mercancía para comprar o vender.

Y la marginalización final de los indígenas.

¿Quiénes son los zapatistas? Esencialmente son indios del estado de Chiapas que decidieron levantar la cabeza después de cinco siglos de sumisión, de resistencia silenciosa y de rebeliones aplastadas. Y que empuñan las armas para tomar la palabra y no el poder, para combinar la dignidad indígena y la lucha por la democracia en México, llamando al respeto de las identidades en pie de igualdad. Su rebelión hizo temblar a toda América Latina.

Aquella irrupción zapatista retumbó mucho más allá de las fronteras. En parte porque su mensaje lo expresaba, con ironía y finura, un nuevo héroe político romántico, escondido detrás de su pipa y cubierto por un pasamontañas: el subcomandante Marcos.

Desde que surgió el movimiento zapatista nada es ya como antes. Este movimiento, como un espejo, devuelve la imagen del país que en realidad existe, con el aspecto deforme que el neoliberalismo le ha dado. Marcos piensa que, junto con los partidos políticos y los sindicatos, la sociedad civil y el movimiento social han pasado a ser los nuevos actores del cambio, portadores de fuerzas eficaces de transformación. En esto, Marcos y los zapatistas son los grandes precursores del movimiento antiglobalización y los anunciadores del Foro Social Mundial.

Los zapatistas no han estado directamente presentes en las protestas de Seattle, Porto Alegre, Génova, Barcelona, Florencia, Saint-Denis, pero han servido de argamasa ideológica para coordinar grupos, movimientos y militantes dispersos.

El sistema político en la era de la globalización confunde y mezcla las identidades de clase, lo cual permite el completo desarrollo del ciudadano, de la sociedad civil y del movimiento social no adscritos a una corriente política predeterminada.

Desprovistos de dogmatismo, tanto la sociedad civil como el movimiento social pueden movilizar en su favor las fuerzas de paz, de la convicción y de la razón.