Mujeres del norte

México del Norte • Jorge Mújica

Ya a nadie le sorprende que las mexicanas emigren. Hasta hace poco tiempo se hablaba de los pueblos abandonados por los hombres, al grado que algunos se jactaban de tener exceso de tierra, mujeres y niños. Pero parece que las mujeres se cansaron de esperar a los maridos, así que cada vez llegan en mayores cantidades al norte.

No lo digo yo, lo dice la senadora Lucero Saldaña, integrante de la Comisión de Equidad y Género, y lo ratifica la comisionada del Instituto Nacional de las Mujeres, Patricia Espinosa.

Según las funcionarias, la cifra de mujeres migrantes se ha elevado hasta llegar al 48 por ciento, sobre todo en edades de los 12 a los 24 años.

Para los estudiosos del fenómeno son jefas de familia, mujeres que sufren violencia intrafamiliar, féminas que son enganchadas por redes de prostitución, o simplemente profesionistas o trabajadoras que se quedaron sin empleo o no lo han encontrado y han decidido contratarse como empleadas en Estados Unidos.

Acá ya hay más de 4 millones de mexicanas, lo que equivale al 4 por ciento de la población mexicana. Dicen que según las estadísticas del Consejo Nacional de Población, un 56 por ciento de las indocumentadas son solteras, y que un 39 por ciento son jefas de familia.

Un 42 por ciento envían dinero a su terruño, dejándonos a los hombres en ridículo, porque solamente un 39 por ciento de los hombres lo hacemos.

En total, ellas mandan el 20 por ciento de las remesas que recibe México.

Sin que sean casos típicos, dos temas de mexicanas en el exterior brincaron la semana pasada. El primero es el de Liliana Plata, mujer soldado en Irak. A Liliana se la trajo su mamá, huyendo de la violencia doméstica en México. Cuando el marido le secuestró al hermano, la mamá de Liliana volvió a huir, cambiándole el nombre a la hija.

Dieciocho años después, luego de 6 años en la Fuerza Aérea y 7 meses en Irak, la soldado Liliana Plata fue enviada de vuelta a Estados Unidos. Pero no como héroe, sino acusada de fraude de identidad. Resulta que es indocumentada y está en proceso de deportación.

El otro es, si se puede, peor.

Resulta que las mexicanas cada día son más populares en Canadá, país que al contrario de Estados Unidos, tiene un activo “programa bracero”, de esos que quiere Vicente Fox.

En los últimos años, Canadá ha dado un montón de visas a mexicanas con experiencia en bailes exóticos. México se ha convertido en el segundo exportador de bailarinas a Canadá después de Rumania.

Las visas son buenas por seis meses, se otorgan en base a las fotos de las candidatas, su curriculum y su experiencia en esta industria.

Las bailarinas exóticas mexicanas reciben sus visas temporales para entretener a los canadienses en los bares de “strip tease”.

Según el subsecretario de Relaciones Exteriores para América del Norte, Gerónimo Gutiérrez, se ha puesto especial atención por lo menos en un aspecto. En el renovado pacto de mecanismos de repatriación que Santiago Creel firmó con Colin Powel hay un capítulo que especifica un trato diferenciado a grupos vulnerables, entre ellos las mujeres. El “trato especial” significa que no las deporten de noche.

¡Tremendo triunfo! ¡Liliana Plata llegará de día, y las striptiseras podrán terminar su jornada de trabajo!