Uno a uno, diez valores muy rescatables

1) Respetar a las personas mayores: lo hemos vivido casi como una imposición “por ser el padre o madre, abuelo o abuela”; cambiemos esa obediencia ciega por el sincero respeto hacia quienes, con una vida de esfuerzos, nos han trasmitido la próspera sociedad que disfrutamos.

2) Prestigiar a los educadores: volver a revestirles de la dignidad y respeto que su profesión merece y aceptar su autoridad. Trasmitirlo a niños, jóvenes y adultos es imprescindible.

3) Solidaridad con los débiles (y no sólo con los marginados) que nos rodean.

4) Respeto a los bienes y servicios públicos: educar en la máxima “esto es de todos y hemos de velar porque se encuentre en buen estado” y en la obligación de cuidar como nuestro el patrimonio común.

5) No dejarnos llevar por el consumismo. Nada tiene de malo el bienestar material, pero intentemos ser consumidores conscientes e informados y controlar la ansiedad de comprar por comprar. Sólo conduce a la frustración, al deterioro ecológico y a otros disgustos más prosaicos.

6) Aprender a escuchar: de forma incondicional (sin juicios ni prejuicios), activa y empática, comunicando de verdad con el interlocutor e intentando ponernos en su piel.

7) Aprender a esperar, a respetar el turno. Superar la ansiedad de ser el primero, de conseguirlo todo a la primera y rápidamente. Los demás también esperan.

8) Aprender a perder, a fallar, a asumir el fracaso como proceso básico de todo aprendizaje de crecimiento personal. Un “no” hay que saber asumirlo sin dramas. Tendremos que oír muchos en nuestra vida.

9) Desarrollar el sentido de responsabilidad, potenciar la cultura del esfuerzo. Organización, puntualidad, empeño por hacer bien las cosas... son planteamientos muy positivos.

10) Potenciar la autoestima, cuidar de nosotros mismos. Aceptación, valoración y mimo hacia uno mismo.