Armas contra un mundo más seguro

Por Jorge Planelló • CCS

En el mundo se gastan 900 mil millones de dólares en defensa, 325 mil millones de dólares en subvenciones a la agricultura y sólo entre 50 y 60 mil millones de dólares en ayudas al desarrollo.

Los elevados presupuestos militares, han hecho que grandes cantidades de dinero dejen de invertirse en desarrollo. En más de una veinte países se destina más dinero a las armas que a salud y educación.

Los pilares del progreso son la salud, la educación, un medio ambiente saludable y la justicia. Sobre ellos se asientan los objetivos del milenio (ODM), que 190 países firmaron en Nueva York en el año 2000. La labor de un gobierno no es hacer guerras, sino la elaboración de leyes justas y solidarias que permitan la convivencia pacífica.

En 2003, India compró aviones de guerra por valor de 1.700 millones de dólares. Con esa cantidad se habrían proporcionado fármacos antisida durante un año a más de 11 millones de enfermos.

La responsabilidad de la comunidad internacional es ineludible. No se puede mirar a otra parte cuando se trata de solucionar la situación de 1.000 millones de personas que viven con menos de un dólar al día, de 115 millones de niños que no pueden ir a la escuela o de los 30.000 menores de cinco años que mueren a diario.

Como medida para hacer realidad esos objetivos, el economista Jeffrey Sachs propuso transferir una parte de los presupuestos militares al desarrollo. Estados Unidos gasta 450 mil millones de dólares en defensa, frente a los 15 mil millones que dedica a la lucha contra la pobreza. Aunque nada se solucionará si no cambia la política de venta de armas por parte de los países enriquecidos. La transferencia de armas al tercer mundo ronda los 17 mil millones de dólares.

Hay bombas a punto de estallar o que ya lo han hecho para las que la solución no es invertir en defensa. Los Estados responden a la inestabilidad generada por la extrema pobreza aumentando su presupuesto de defensa, mientras 90 millones de jóvenes están desempleados en todo el mundo.

“¿Cómo hemos permitido que los jóvenes, que deberían ser nuestro bien más preciado, se convirtieran en una amenaza para nuestra seguridad?”, preguntaba una mujer durante la ronda de consultas que mantuvo el Grupo de Alto Nivel de la ONU con organizaciones de la Sociedad Civil. Reducir la pobreza es cuestión de voluntad política y ordenar prioridades.

Los últimos informes muestran lo difícil que será cumplir los ODM. Con la mitad del dinero que gastan de media en armamento los países de África, Asia, Oriente Próximo y Latinoamérica, se habría dado un paso adelante hacia la enseñanza primaria universal y en la reducción de la mortalidad materno-infantil.