Una vez más se acabó el año escolar y miles de jóvens se han graduado. Han terminado sus estudios de la escuela superior o la Universidad y están ansiosos de enfrentar la nueva vida que les espera.

Quiero felicitar a cada uno de ellos, pero en particular me quito el sombrero ante los hijos de los inmigrantes indocumentados.

Cuando miros estos jóvenes siento una mezcla de gozo y tristeza. Me complace saber que han logrado vencer todos los obstáculos de un sistema nuevo y muchas veces hostil. Tuvieron que aprender un nuevo lenguaje y cultura y en ese proceso muchas veces cambiar su cultura original por esta nueva, que a menudo les impone nuevas reglas.

Niños de todas las edades van todos los días a la escuela, pero no todos tienen una ‘doble vida’. Tal vez todos quieran reir y jugar pero algunos de ellos ya saben que sus vidas cuelgan de un hilo. Los hijos de los indocumentados saben de ‘polleros’, y rutas retorcidas, de pagar altos costos para venir aquí y muchas veces de tener que esconderse.

También muchos saben como es vivir con mucha gente en un lugar pequeño y tener que subsistir sin muchas cosas hasta que sus padres logran tener un trabajo.

Su vida diaria está llena de comentarios de la gente que sorprendieron conduciendo sin licencia, o que no pueden quejarse de lo que sucede en el trabajo o cuando alguien se aprovecha de ellos.

Ellos quieren ser despreocupados como los demás, pensando solo en música, videos y entretenimiento como los otros adolescents, pero su realidad es diferente y lo tienen muy presente. ¿Estarán concientes los maestros de la tensión diaria que viven sus estudiantes?

A pesar de todo siento su gozo y me allegro, ya que lo que uno aprende no se lo pueden arrebatar pero a la vez me entristece pensar que muchos de ellos no tendrán más oportunidades. Por su condición de indocumentados no tendrán ayuda financiera para ir a la Universidad y aun aquellos que pudieran hacerlo, por su falta de documentos se enfrentarán a la dura realidad de no poder obtener trabajo.

Si se deciden a volver a sus países de origen, también deberán vencer muchos obstáculos. Ya que han estado fuera por mucho tiempo su vocabulario no reune la calidad requerida por las universidades, incluso su diploma de la escuela superior no será reconocido, ya que muchas asignaturas tales como química, y física son mandatorias en otros países y aquí no lo son.

Citando un comentario de Bill Gates: “ Nuestras escuelas fueron diseñadas hace cincuenta años para cubrir las necesidades de otra época. Mientras no las diseñemos para curbir las necesidades del siglo 21, estaremos limitando ­ incluso arruinando a millones de Americanos cada año”.

Yo me permito agregar: “¿Qué educación les estamos dando verdaderamente?”. Responderemos a Gates convirtiéndolos en estudiantes de internet que puedan satisfacer las necesidades de los nuevos mercados? ¿Tendrán alguna vez la oportunidad de LEER en la vida diaria y poder tomar sus propias decisiones?

Yo les deseo lo mejor y espero que no se dejen atrapar por las falsas ilusiones de “desarrollo’. ‘Carrera’ y especialmente del “Exito”.

De hecho, en términos de aprendizaje lo único que esperaría de ellos es que aprendieran a LEER, y llegar al eje de los asuntos que se les presentan.

Que Dios les de la energía que necesitan para buscar nuevas respuestas y que las puedan implementar.