Tener presente el futuro

Por: Federico Mayor Zaragoza

Presidente de la Fundación Cultura de Paz/CCS

Es necesaria una nueva mirada en la que veamos mucho a los jóvenes, los niños, a los que todavía no han llegado, y muy poco a nosotros mismos. Algunos datos pueden ayudarnos: cada día la población del mundo, que se estima en 6,300 millones, aumenta en unos 180,000 habitantes; 50,000 personas mueren diariamente de hambre y enfermedades para las que se dispone de tratamientos; 1,600 millones de seres humanos viven en condiciones de gran precariedad (menos de dos dólares diarios), mientras que los gastos en armamento se sitúan en los 2,680 millones de dólares al día y los subsidios a la producción agrícola en los EU y la UE en 1,000 millones diarios.

A base de tener demasiado presente el pasado, los horizontes se reducen y ensombrecen, y la inercia lo domina todo. Memoria del pasado: de los que más sufrieron, de las víctimas de todo orden, de los más visibles, de los anónimos. Memoria del presente para, desde hoy mismo, empezar a recorrer caminos de futuro. Sólo cuando el futuro pesa más que el pasado, cuando el presente de los jóvenes pesa de verdad más que el nuestro, entonces es posible la conciliación, la paz, la palabra en lugar de la fuerza.

Si tuviéramos presente el futuro, no guardaríamos silencio cuando los gobernantes adoptan medidas que pueden afectar la dignidad humana, las condiciones medioambientales, la diversidad cultural o los valores universales. Cuando se discrimina, se excluye, se humilla.

Si tuviéramos presente el futuro, participaríamos en todas las cuestiones que nos conciernen y dejaríamos de ser espectadores pasivos y resignados.

Si tuviéramos presente el futuro, escucharíamos el consejo de los equipos transdisciplinares más acreditados en los temas de seguridad y calidad de vida (energía, agua, nutrición, salud) y les facilitaríamos el papel prospectivo, de vigías, que les corresponde.

Si tuviéramos presente el futuro, no dejaríamos que se alicortara la capacidad de vuelo de nuestros hijos y nietos mediante el inmenso poder mediático que puede uniformizarlos y hacerles dóciles e indiferentes.

Si tuviéramos presente el futuro, colaboraríamos en el establecimiento de unas instituciones internacionales dotadas de la autoridad, el prestigio y los medios humanos y financieros necesarios para una gobernación multilateral eficiente.

Si tuviéramos presente el futuro, sabríamos que ha llegado el momento de hacer una pausa para facilitar el encuentro, la conversación, la alianza.

Sólo así, las generaciones actuales podrán pasar airosamente el testigo del relevo a sus hijos diciéndoles al oído: “Estamos iniciando una nueva era. La de la gente. La de la voz de todos. El secreto radica en compartir mejor. Y en mirar hacia delante”.