Hoy también es el día del Medio Ambiente

Por Ana Muñoz /CCS

Desde hace más de un siglo los seres humanos estamos explotando, casi hasta el agotamiento, a la Tierra. Pequeños cambios en los hábitos de cada persona pueden ayudar a mejorar el medio ambiente.

El calentamiento global, la tala incontrolada de árboles, el avance de los desiertos, la explotación de mares y bosques, la construcción masiva en montañas y playas, el desgaste de las tierras de cultivo, el agujero de la capa de ozono… Peligros de los que los expertos nos alertan cada día, pero que ya no nos dan miedo.

Si pensamos en nuestra vida diaria, los centros de las ciudades se llenan cada mañana de coches en los que sólo viaja una persona. En países como Estados Unidos no existen normas que regulen el consumo de gasolina de los coches. Estudiantes universitarios realizan proyectos donde los trenes se muevan por placas solares o los automóviles con baterías, ¿por qué esa línea de trabajo no se desarrolla para conseguir precios asequibles?

Y, ¿por qué tenemos que pasar frío en verano y calor en invierno? En las “ciudades desarrolladas” ya no existen las estaciones. Aires acondicionados y calefacciones están siendo mal utilizados. Tan sólo con bajar un grado la calefacción o el aire acondicionado la factura se reduciría un 7%.

La reducción del uso del papel debería ser otro de nuestros retos. El consumo de papel aumentó seis veces en menos de cincuenta años y para el 2010 consumiremos más de 300 millones de toneladas, advierten los expertos. En un año, el hombre es capaz de arrasar 18 millones de hectáreas de árboles. El Amazonas y los grandes bosques no nos sobrevivirán a este ritmo.

Muchas voces nos advierten de que la próxima guerra mundial tendrá como causa el “oro azul”, el agua. Para el año 2030, se estima que se necesitarán más de 2,000 kilómetros cúbicos de agua, el caudal anual de 24 ríos como el Nilo.

Y, ¿por qué tenemos que comer naranjas en agosto y uvas en abril? La Naturaleza sabía, da sus frutos en determinadas temporadas. La agricultura agresiva es síntoma de nuestra codicia y una extraña necesidad de sentirnos dioses. Pero, los textos antiguos ya nos advierten que el “retar a los dioses” no nos conviene: tempestades, sequías, glaciaciones, plagas, guerras… devastación.

Es hora de que la sociedad civil tome conciencia de su responsabilidad para con la Tierra. Dejémonos de quejas y críticas a las empresas y administraciones y empecemos a mirar nuestros propios hábitos. Sólo así podremos exigir a nuestros gobernantes un desarrollo sostenible respetuoso con el Medio Ambiente.