• México del Norte •
Hijos de Dios

Por: Jorge Mújica Murias

No hay que ser mago ni adivino para saber que el voto latino va a jugar un papel importante en las elecciones del 4 de noviembre en Estados Unidos. Bajo el supuesto de que un bloque consolidado de 10.000,000 de votos, tamaño de la comunidad latina con posibilidad e intención de votar, podría cambiar el resultado, el aspirante republicano a la presidencia, John McCain, acaba de declarar que los inmigrantes somos “hijos de Dios”.

Es un avance, puesto que al menos nos pone en el paisaje, en vez de ignorarnos. Sin embargo, lo que no sabemos todavía es a qué nivel nos pone, porque hay muchos argumentos a favor de que los animales también son criaturas del Señor. Bien podría haber dicho el senador de Arizona, estado que encabeza la avanzada en contra de los inmigrantes con y sin papeles, que somos “seres humanos”: eso nos hubiera dado una mejor idea de cómo pretende tratarnos este senador.

A renglón seguido, sin embargo, McCain se encargó de aclarar al menos en parte la duda: en caso de llegar a la Casa Blanca, sellará la frontera. En Phoenix, capital de su estado, McCain habló ante un grupo de latinos y fue más claro que el agua: “Creo que la mayoría de los hispanos comparte nuestro punto de vista de que la frontera debe asegurarse primero”.

Quién sabe de qué mayoría habla McCain, o qué le informaron sus asesores. Según las encuestas (que son manipuladas, ya lo sabemos), la mayoría de los estadounidenses estuvo de acuerdo, hace algunos años, en que había que cerrar la frontera. Pero después de las marchas de inmigrantes de 2006, los estadounidenses cambiaron su punto de vista y ganamos su apoyo mayoritario a favor de la legalización de los indocumentados, por la simple razón de que nosotros no representamos un peligro para la seguridad nacional.

Elías Maldonado, colaborador de McCain, insiste: “[McCain] me dio su palabra de que, de llegar a la presidencia, promoverá una reforma migratoria”. Pero la idea de que primero hay que sellar la frontera nos deja dudas respecto a qué quiere decir con “reforma migratoria”. Si incluye el cierre de la frontera, sería un paso de cangrejo para John, pionero junto con el demócrata Edward Kennedy en promover una reforma migratoria para legalizar a los indocumentados.

Como remate, Maldonado dice que McCain impulsaría “una reforma migratoria que se traduciría en un programa de trabajo temporal legal, el llamado plan de trabajadores huéspedes, que propuso el presidente George Bush”.

Hijos de…

Pero el enojo mayor no recae en McCain sino, efectivamente, en sus asesores.

De pronto, y como un Fénix resurgido de sus cenizas, McCain se acercó a quien “le permitirá reconciliarse con la comunidad latina y recuperar su apoyo perdido para las presidenciales de noviembre próximo”. Su nombre, ampliamente conocido en la comunidad de México del Norte, está asociado a unas tales “cajitas felices”, paquetes de sobreviviencia estilo boy-scout que se repartieron en la frontera hace algunos años y que incluían condones para prevenir a los indocumentados contra el VIH/SIDA.

Es Juan Hernández, ex encargado (ya que fue despedido) de la Oficina de los Mexicanos en el Exterior de Vicente Fox, y ex empleado del Señor de las Botas, encargado de recaudar dinero ilegalmente en Estados Unidos en nombre de los amigos de Fox.

Pero Hernández no las tiene todas consigo. Del lado estadounidense, Hernández es considerado o bien un “traidor” o bien un “agente al servicio de México”. De hecho, McCain no lo deja aparecer públicamente en la campaña, sino que lo relegó a enviar e-mails desde un estudio de abogados en Texas, que invita a los mexicanos a celebrar, por ejemplo, el 5 de mayo en el cuartel general de McCain en Arlington, Virgina, y a aportar un dinero al aspirante republicano: 1,000 dólares por pareja o hasta 9,200 dólares individualmente.

Tal vez fue Hernández el que convenció a McCain de que “la mayoría de los hispanos están de acuerdo” con sellar la frontera, y quien le dijo que soltara la frasecita de que los inmigrantes somos “hijos de Dios”, bajo la idea de que los latinos, católicos por excelencia, podríamos sentir así que ya somos iguales a los estadounidenses.

Pero con asesorías como ésa, McCain está peor que nunca y tiene más posibilidades de perder que de ganar el apoyo latino. A fin de cuentas, hay que acordarse de que al “hijo de Dios” que bajó a la tierra, terminaron crucificándolo.