EL MAR DE SIEMPRE

No volver a soñar más que en lo mismo

para tejer el hilo de los tiempos

que tal vez fueron milagrosos.

O acaso no existieron,

sino en la mente de quien los pensó.

Ese arrullo que escuchas

no es el del mar de entonces;

aquel calló con las ausencias,

o bien se hundió lejano

y se perdió en la espuma de otros mares.

No son los mismos, nunca.

Cada uno se acerca a sus orillas,

diversos todos, todos únicos

en el rozar del agua con su tierra;

y cada tierra con su mar se duerme

o al levantar el sol con él  se alza.

Pero distintas, diferentes,

las tierras lejos, las de cerca,

tienen su propio mar que las arrulla

y con diverso pálpito respiran.

Como es otra la música

que en su bajar nos llega

del infinito mar de las constelaciones.

Y así  vamos de mares y de orillas

al límite final que nos espera.

Eugenio Florit