• México del Norte •
 No estamos solos

Por: Jorge Mújica Murias

A veces nos sentimos aislados, lejos de nuestra tierra y nuestras noticias, o nos encerramos en una ciudad, un barrio, un suburbio, y pensamos que estamos solos. En esas ocasiones se nos ocurre que los ataques y las leyes absurdas en contra de la inmigración están dirigidos solamente contra nosotros.

Pero, al igual que en la vieja película de Steven Spielberg Encuentro cercano del tercer tipo, NO estamos solos. Aproximadamente 190 millones de inmigrantes en el mundo comparten nuestras miserias, y muchos comparten nuestras luchas.

A principios de esta primavera, por ejemplo, los inmigrantes en Grecia dijeron basta. Inmigrantes de Bulgaria, Rumania, Bangladesh, Pakistán y Albania, principalmente, pizcadores de fresas en su mayoría, y a los que los patrones con frecuencia les quitan los papeles para garantizar su “lealtad”, realizaron una huelga en un pueblo, de 2 mil personas. La huelga se hizo para exigir mejores condiciones de vida y trabajo después de que la periodista Dina Daskalopoulou escribió un artículo sobre ellos.

Como cualquier trabajador inmigrante del mundo, con o sin papeles, estos viven en pésimas condiciones de salud e higiene, trabajan de 10 a 15 horas por día y reciben 22 euros diarios, ocho menos del salario mínimo legal. Con eso pagan renta, protección contra la mafia coyotera y comida en “tiendas designadas” por los patrones, esas que en México se conocen como “tiendas de raya”.

Los revoltosos inmigrantes fueron organizados por el Partido Comunista Griego y su Federación sindical Pan Helénica. Para no quedarse atrás, los Minuteman locales los atacaron e hirieron gravemente a un trabajador

Los patrones completaron la acción despidiendo a los trabajadores, incluso disparando al aire con armas de fuego. “Parecen señores feudales del siglo XIX”, dijo Giorgos Iliopoulos, presidente del sindicato de la construcción en el área.

Luego de varios días y agresiones, los trabajadores volvieron al trabajo con salarios de 28 euros al día, pequeña victoria que enseña que sí se puede si se trabaja colectivamente.

En Sudáfrica el panorama es peor. Hubo varios linchamientos callejeros de inmigrantes provenientes de Zimbabwe, con un saldo de por lo menos 40 muertos y casi 30 mil inmigrantes desplazados de sus campos de refugiados. En medio de la violencia, hubo linchamientos a estilo de la región, donde se pone una llanta de coche con gasolina en el cuello de una persona y se le prende fuego.

La violencia se relaciona con una ola de cerca de dos millones de inmigrantes que huyen de una economía devastada en el país vecino buscando una mejor vida y que (nomás por no variar) terminan en ciudades perdidas, sin higiene, desempleados y desnutridos. Es una migración de un país pobre a otro país pobre, pero un poco menos pobre.

Estamos más unidos

Italia no está tan mal, pero ahí parece que los Minuteman están en el gobierno. Se acaba de aprobar un proyecto de ley que hace que la inmigración de indocumentados sea un delito, con cárcel hasta por cuatro años. Una HR4437 cualquiera.

Siguiendo el ejemplo de George Bush, la ley equipara la inmigración con el crimen. El Sensenbrenner local es el presidente Silvio Berlusconi, y su Michael Chertoff es el ministro del Interior, Roberto Maroni. Al igual que sucede aquí, Maroni dice que será ilegal rentarle casa a los indocumentados, y, de manera racista, se lanza directamente contra los gitanos, acusándolos de “ser responsables del aumento de la violencia”.

Más allá de Italia, toda la Unión Europea aprobó un proyecto de ley para deportar a los indocumentados, después de detenerlos por hasta 18 meses. También se les prohíbe el regreso por cinco años, y se les cobra fuertes multas. Unos 45 millones de personas, el 10 por ciento de la población en el Viejo Continente, son inmigrantes de África, Asia y América Latina, y se calcula que unos 5 millones son indocumentados.

Así que no estamos solos. Ni tampoco estamos solos en la lucha.

Hace dos semanas, en la isla de Trinidad, Su Excelencia Baba Dudley Thompson, presidente de la Unión Mundial de la Diáspora Africana, declaró que “nuestros ancestros lucharon exitosamente contra la esclavitud. Nunca más debemos quedar divididos en pequeñas islas, ni divididos en el mundo. Los inmigrantes africanos en el mundo son una región unificada de África”.

Por su lado, la doctora Irene Fernández, activista de la Unión de Mujeres en Malasia, dio un paso adelante y está llamando a fundar la Alianza Internacional de Inmigrantes en Hong Kong.

Según Fernández, ha llegado un momento en que las organizaciones no lucrativas convencionales e institucionales tienen que abrirles paso a las organizaciones de activistas de los mismos inmigrantes. “Soñamos con un tiempo en el que los inmigrantes del mundo estén unidos y tengan fuerza para defender sus derechos y su bienestar. Y ese tiempo comienza con la fundación de la Alianza Internacional de Inmigrantes”, declaró.

Desde acá, desde México del Norte, un saludo hasta Hong Kong.