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  • Edición impresa de Junio 2, 2009.

La llave del futuro está en Bolivia

colum310509f3El dicho “vale un Potosí” se refiere a la plata y el oro extraídos por los españoles durante siglos en las minas de Potosí (Bolivia), descubiertas en 1545 y utilizadas para financiar guerras en Europa y para llevar a cabo nuevas empresas colonizadoras.

Después de los metales preciosos fueron los hidrocarburos, extraídos por multinacionales que sólo tenían que “convencer” a gobiernos dominados por una minoría blanca que ahora pretende desgajar el país ante “la amenaza de un gobierno indigenista” que pone en peligro sus intereses.

El Gobierno boliviano toma sus precauciones para evitar que suceda lo mismo con sus reservas de litio descubiertas el año pasado, las más grandes del mundo. El mineral, llamado a sustituir al petróleo por sus propiedades para conducir calor y electricidad, es componente esencial para fabricar baterías de coches eléctricos, además de teléfonos celulares, marcapasos, computadoras portátiles e incluso satélites.

Varias empresas multinacionales están compitiendo para convertirse en las principales inversoras para la extracción del metal.

Por su parte, el presidente boliviano, Evo Morales, sostiene que el Estado conservará el monopolio de su explotación, desde la extracción hasta la fabricación de baterías, con un mínimo del 60% de participación estatal en las acciones. Así lo establece también la nueva Constitución, tan poco popular en los países ricos y en las zonas de Bolivia donde se concentra la minoría blanca.

Esta postura rompe el modelo comercial internacional de los últimos siglos, forjadora de una línea sociológica que ha dividido el mundo en dos: el Norte industrializado y el empobrecido Sur.

Con frecuencia se plantea la pregunta de por qué países con tantas riquezas naturales pueden ser tan pobres, mientras algunos países con materias primas bastante más limitadas ocupan los primeros puestos en los índices de riqueza. Para muchos países empobrecidos, los recursos han supuesto una maldición a la falta de tejidos sociales sólidos, de estructuras políticas y económicas justas y transparentes, así como de auténticos Estados de derecho que protejan tanto los derechos políticos y civiles como los económicos, sociales y culturales.

Los países ricos suelen escandalizarse por la corrupción estatal en los países empobrecidos. Sin embargo, tanto se han beneficiado de ella las oligarquías, las dictaduras militares y las pseudo-democracias de esos países como lo han hecho algunas empresas multinacionales, que rinden pocas cuentas a sus gobiernos.

Estas multinacionales controlan la explotación del petróleo, del coltan, los diamantes, el cacao, el zinc, la bauxita… Oligarquías y dictaduras militares han aceptado grandes sumas de dinero a cambio de estas materias primas, que han dado a grandes empresas un poder que desafía la soberanía de los Estados, que pone presión en los sistemas jurídicos y comerciales internacionales y pone en peligro los derechos humanos. Esto plantea nuevos desafíos al derecho internacional, ocupado hasta hace poco tiempo en la conducta de los Estados.

Por ahora, Bolivia celebra lo que le ha dado la Pachamama (la Madre Tierra) y reivindica que ha llegado su momento de gestionarlo.

 


 

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