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  • Edición impresa de Junio 16, 2009.

La policía también busca una reforma migratoria

Jefes de policía de varias localidades de Estados Unidos en las que se registra una gran presencia de indocumentados unieron sus voces para denunciar el clima de inseguridad e impunidad que genera en sus comunidades el actual sistema de inmigración y exigir una reforma.

Los jefes de policía de localidades tan alejadas como Austin (Texas), North Charleston (Carolina del Sur) y Topeka (Kansas) subrayaron que el debate debe ir más allá de cualquier postura política.

“Se trata de restablecer la confianza en las fuerzas del orden”, señaló Art Acevedo, jefe de policía de Austin y presidente de la Asociación Nacional de Agentes de Paz Latinos. “Nuestra comunidad está llena de inmigrantes que viven con miedo, y que por lo tanto dudan a la hora de cooperar con la ley.”

En la localidad en la que patrulla Acevedo, que cuenta con un 35% de población hispana, los indocumentados escuchan “demasiado a menudo” la frase “si me denuncias, llamo a inmigración”.

A Ron Miller, jefe de policía de Topeka, le preocupan especialmente las quejas que le llegan de personas que aseguran que los agentes federales las detuvieron por el mero hecho de ser inmigrantes, y no por haber cometido delitos.

“Necesitamos un sistema que deje de considerar el estatus migratorio a la hora de juzgar a criminales”, dijo Miller.

Miller abordó este asunto junto con otros expertos en un estudio reciente de la Fundación de Policía, que concluye que la aplicación del programa 287(g) de la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE, por su sigla en inglés) acarrea más inconvenientes que ventajas.

Dicho programa permite a los agentes federales llegar a un acuerdo escrito con los oficiales locales para que ejerzan funciones de un agente de inmigración.

Según el estudio, muchos agentes locales se sienten divididos entre su voluntad de ayudar a las autoridades federales y la preocupación de que ello anule la confianza que las comunidades de inmigrantes han depositado en ellos a lo largo de los años.

Para Miller, es necesario un “esfuerzo conjunto de las fuerzas de seguridad federales, estatales y locales” para planificar una reforma nacional que funcione a nivel local, y que sea, además de humana, “racional y pragmática”.

Jon Zumalt es jefe de policía de North Charleston, una localidad en la que un 7% de los residentes son indocumentados que “trabajan duro, pero al ser ilegales no tienen dónde poner el dinero, y los roban”.

La mayor frustración de Zumalt, una que comparte con Miller, es la dificultad de identificar a los inmigrantes que no poseen ningún tipo de documentos.

Por eso confía en la promesa de la secretaria de Seguridad Nacional, Janet Napolitano, de que trabajará para mejorar las bases de datos de indocumentados.

“Cuando Estados Unidos se mira en el espejo, debería verse reflejado en los rostros de los agentes del orden que ha elegido”, opinó Miller. “No podemos dejar que el sistema de inmigración lo impida”, sentenció.

 


 

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