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  • Edición impresa de Junio 15, 2010

Imágenes del desastre ecológico

Las imágenes de una catástrofe ambiental en la costa del Golfo de México, que muchos temieron ver durante semanas, se han convertido en una realidad.

Los pelícanos tienen dificultades para liberarse de las capas de petróleo que se han acumulado en estanques de un metro de profundidad. Otros tratan de desplegar sus alas, sin levantar el vuelo, debido a que sus plumas están cubiertas de crudo.

Aves y delfines muertos han sido arrastrados a la costa, cubiertos por el crudo. Las conchas marinas, que alguna vez refulgían con su blancura bajo el sol veraniego, están ahora manchadas.

Escenas como éstas se presentaron a lo largo de varios kilómetros de costa, siete semanas después de que una plataforma de BP estalló y se hundió.

El petróleo se ha propagado imparable hacia el oriente, llegando en mayores cantidades a la costa en días recientes, pese a que un tapón colocado por BP en el pozo comenzó a recolectar parte del crudo que se fuga. El tapón, que se asemeja a un embudo, ha capturado alrededor de un millón de litros (252,000 galones) de petróleo, de acuerdo con el almirante de la Guardia Costera, Thad Allen, el principal funcionario nombrado por el gobierno para atender la crisis. Al parecer, el tapón comenzó a recuperar entre un cuarto y la mitad del petróleo que se derrama.

Pero tras la explosión del 20 de abril, que causó la muerte de 11 trabajadores, la gigante petrolera BP no ha podido detener de forma apreciable el peor derrame en la historia de Estados Unidos.

La cantidad recolectada es de entre de medio punto porcentual y 1% del total de petróleo que, según cifras oficiales, ya está disperso en el mar y las costas.

De esta forma los representantes de BP intentan lograr un delicado equilibrio al capturar todo el crudo que sea posible sin crear demasiada presión o permitir que se creen hidratos parecidos al hielo, que se forman cuando el agua y el gas natural se combinan a gran presión y bajas temperaturas.

En Gulf Shores, Alabama se podían ver las huellas de petróleo que dejaban las personas que habían estado en la playa. Incluso en algunos hoteles se proporcionaban solventes para los huéspedes con manchas parduscas.

Erin Tamber se mudó a la zona de la playa después de sobrevivir al huracán Katrina en Nueva Orleáns, donde había vivido 30 años. “Siento que pasé de ser la propietaria de un pedazo de paraíso a la de un basural de desperdicios tóxicos”, dijo mientras revisaba la playa.

En Luisiana, las autoridades federales dicen que 792 animales muertos, entre aves, tortugas y delfines, han sido recogidos del Golfo y de las costas

 

 


 

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