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  • Edición impresa de Junio 4, 2013

Disputa por el maíz transgénico

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México es escenario hoy de la lucha global para proteger el centro de origen y diversidad del maíz de la arremetida de las variedades genéticamente modificadas.

La vinculación directa con las culturas aborígenes prehispánicas hace que este grano encierre un fuerte simbolismo en toda Mesoamérica, que abarca casi todo el territorio de América Central y la mitad sur de México, de donde se considera es originario y ofrece 59 razas nativas y 209 variedades.

“Es la primera vez que uno de los cultivos más importantes del mundo está amenazado en su centro de origen. Si dejamos que las corporaciones ganen, no habrá manera de defenderlo en otros lugares. Lo que está ocurriendo en México es de vital importancia para el mundo”, dijo a IPS el canadiense Pat Mooney, director de la ONG Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración.

Organizaciones de la sociedad civil están con la guardia en alto ante la posibilidad de que el gobierno de Enrique Peña Nieto apruebe la siembra comercial de maíz transgénico, política rechazada ampliamente por ambientalistas y otros activistas, académicos y productores pequeños y medianos por los riesgos que supone.

Las firmas transnacionales estadounidenses Monsanto, Pioneer y Dow Agrosciences presentaron en septiembre seis solicitudes para cultivos comerciales de maíz transgénico en más de dos millones de hectáreas en los estados de Sinaloa y Tamaulipas.

Además, esas corporaciones y Syngenta presentaron desde enero 11 solicitudes para la siembra piloto y experimental de este tipo de granos en 622 hectáreas en los estados de Chihuahua, Coahuila, Durango, Sinaloa y Baja California. Adicionalmente, Monsanto hizo lo propio para una superficie no especificada en el norte del país.

Desde 2009, el gobierno mexicano ha autorizado 177 permisos de siembra experimental de maíz transgénico sobre una extensión de 2,664 hectáreas.

“Van a llenar las mesas de maíz transgénico pese a que la soberanía alimentaria depende de la siembra del grano criollo”, advirtió Evangelina Robles, integrante de la Red en Defensa del Maíz, que mantiene una campaña de rechazo a esa variedad.

Los tres millones de agricultores maiceros que siembran alrededor de ocho millones de hectáreas en México destinan dos millones al consumo familiar. Estos cultivos se centran en especies de granos blancos, mientras que el amarillo, empleado en alimentación animal, en su gran mayoría se importa.

El secretario de Medio Ambiente de México, Juan Guerra, ha dicho que se evaluará toda la información científica disponible para tomar una decisión. Pero eso no será fácil. La Confederación Nacional Campesina, una de las corrientes internas más fuertes del gobernante PRI, mantiene desde 2007 un acuerdo con Monsanto sobre maíces nativos.

Además, el gobierno de Peña Nieto aún no aprueba una regulación sobre las características y contenido del reporte de resultados de liberaciones de organismos genéticamente modificados sobre los posibles riesgos para el ambiente, la diversidad biológica, la sanidad animal, vegetal y acuícola.

En el mercado sólo circulan los transgénicos Round Up y BT (por la bacteria Bacillus thuringiensis) para algodón, maíz, soja y canola, aceptados en Canadá, Estados Unidos, Argentina, Brasil y España, pero prohibidos en China, Rusia y la mayoría de los países de la Unión Europea.

 


 

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