Elvia Domínguez: Cinco generaciones de tradición en artes manuales

Por: Zulma Prieto

“....En los tiempos pasados, cuando no había máquina de coser ni hilos fosforescentes, la gente se veía obligada a desarrollar su creatividad manual”.

Así comenzó diciendo la señora Elvia Domínguez cuando accedió a esta entrevista. Doña Elvia, originaria de Apan, Hidalgo, rebosa entusiasmo mientras habla.

Al tiempo que nos muestra sus hermosas manualidades, hace memoria de por lo menos cinco generaciones en su familia, en que se ha practicado el arte de la decoración de canastos, forrado de todo tipo de botellas de festejo, tarjetería española, decoración infantil y navideña, recuerdos de quince años, bodas, primera comunión, etc.:

“Mi bisabuela se llamaba Teresa. Ella le enseñó a mi abuela Elvia (q.e.p.d.) el arte de bordar. Mi abuela se lo transmitió oralmente a mi mamá, quien también se llamaba Teresa (q.e.p.d.). Mi mamá me lo enseñó a mí, cuando tenía trece años”.

Enseñando una sonrisa que parece evocar gratas memorias, añade doña Elvia: “Recuerdo que todas las tardes las niñas se reunían y bordaban los hilos, tras horas de minuciosa labor”. A medida que las señoritas se iban comprometiendo en matrimonio, se daban a la tarea de bordar, tejer y decorar con sus propias manos, todo su ajuar de novia”

“Hoy en día es distinto. La gente ya no conserva estos valores y aquí en este país, menos”. “Mis hijas me dicen, para qué tanto trabajo mamá, si en la tienda puedes comprarlo”.

“La gente joven no entiende lo bonito que es saber hacer estas cosas”.

Doña elvia exhibió sus virtudes artesanales preparando la fiesta de cumpleaños de su nietecita Lineth, el mismo día de nuestra entrevista. Invirtió interminables horas de trabajo bordando manteles, decorando canastos y decorando bellos conejos recordatorios, que entregó a cada uno de los asistentes a la fiesta. Como si fuera poco, preparó una deliciosa comida típica de su tierra natal. Saber bordar y cocinar eran requisitos para el matrimonio, responde cuando alguno de los invitados hace elogios acerca de su mesa.

Nuestra última pregunta fue, qué siente usted al ver que estas valiosas tradiciones tienden a desaparecer del bagaje cultural mexicano? Su respuesta fue, después de una pausa que se prolongó hasta encontrar la palabra exacta, acompañada de un rictus de seriedad en su cara: “Nostalgia. Sí, un poco de nostalgia”

Salimos del salón con una chispa de esperanza, sintiendo que todavía hay en nuestra gente valores y costumbres que toda la maquinaria del sistema de consumo no han podido apagar aún.