El Buen Samaritano: Una clínica donde los pacientes tienen dignidad

Por: Jimmer Prieto

El pasado 17 de junio constituyó un hito en la historia de la comunidad hispana de Goshen y alrededores. El trabajo conjunto de varias iglesias, organizaciones, empresas y líderes de la comunidad concibió, desarrolló y dió a luz el proyecto “Centro de Salud Integral El Buen Samaritano”. Aquella tarde soleada de domingo, se dieron cita unas 120 personas en el pequeño recinto de The Window para dedicar e inaugurar oficialmente la apertura del centro al público.

Exploremos un contenido diferente de esa celebración, la cual incluyó entre otros actos, la donación de tres obras de arte por parte de tres artistas hispanos de la comunidad y la entrega de placas y certificados de reconocimiento, tanto a los médicos como a la inmensa cantidad de voluntarios que hicieron posible esta obra, con sus dones y talentos.

En la escala de valores de todo latinoamericano hay tres personajes que ocupan lugar importante: Estos son, el sacerdote, el maestro y el médico. Esto se debe quizá a la asunción de que de estos tres individuos emana el bienestar espiritual, cultural y físico. Miremos un poco, al fondo del alma de un campesino guatemalteco o peruano, por ejemplo, y hallaremos en esa devoción, el eco de varias generaciones del pasado, gritando su tragedia. Cada mestizo lleva en su sangre códigos imborrables de sus antepasados indígenas, africanos y españoles. Ante la inevitable caída de las culturas indígenas frente el impostor español, los vencidos aprendieron a amar a sus verdugos españoles, quienes les garantizaron el derecho a vivir a cambio de aceptar la nueva religión, aprender las normas de “buena educación” de occidente y alejarse de sus prácticas de curación mágicas. Esto generó una relación desigual entre el indígena y el “señor” feudal. Una relación de mirada vertical, paternalista, como la del que sabe frente al que no sabe, del que tiene hacia el que no tiene, del que “es” al que “no es”. El sacerdote, el maestro y el médico se acomodaron por supuesto en la casta superior y han permanecido en esta posición a través de los siglos en Latinoamérica. Sin excepción, las instituciones religiosa, educativa y médica de estos paises se han desarrollado a expensas de los pobres y se han fortalecido con la aceptación de los gobiernos de turno. Mientras las instituciones enriquecieron, los pueblos se quedaron oprimidos y subdesarrollados, sin participar jamás en la gestión de su propia historia. En esta mirada sumisa de los humildes hacia el sacerdote, el maestro y el médico, se resume la dependencia moral e ideológica de los latinos hacia aquellos que ostentan el poder. Por la fuerza de los siglos, los latinos “aprendieron” a ser buenos feligreses, pasivos estudiantes e indefensos pacientes, incapaces de mirar horizontalmente ni de cuestionar el sistema que los explota y oprime. Solo en los últimos 50 años, estos patrones congelados han empezado a removerse para siempre.

Qué tiene que ver todo esto con la nueva clínica? Muy sencillo. Desde que empezamos a soñar en ella, fue nuestra intención que la clínica fuera un lugar donde el “paciente” pudiera ser actor de su propio tratamiento de salud, una palestra donde tanto él como el médico se encuentren y se sanen el uno en el otro, un laboratorio práctico de la fe y del amor cristiano donde todos reconozcan su mutua debilidad y necesidad de Dios.

A partir de la claridad de esta idea los miembros de la junta directiva pudieron entender la necesidad de que la comunidad en general participara en el proyecto con sus talentos, desde la misma construcción del edificio. Toda esta novedad constituye la esencia del centro de salud integral El Buen Samaritano y estamos orgullosos de haber llegado al punto de su inauguración el pasado 17 de junio. Como sea, hay un aspecto de la clínica que es anterior al Buen Samaritano y corresponde al tiempo en que funcionó por primera vez como centro de salud Juan Diego, dirigido por el diácono Ricardo Medina, de la iglesia católica. Bajo su dirección mucha gente de la comunidad se benefició y recuerda con cariño el cuidado y la solicitud con que fue atendido. Las directivas de El Buen Samaritano reconocen las similitudes y diferencias, tanto en la forma como en el fondo, de ambos proyectos de salud. Aunque en barcos distintos, todos navegamos en la corriente del gran amor de aquel que pagó por nuestras faltas con su propia vida.

El autor de esta obra de arte es Cristóbal Reyes, un residente del área, quien la donó para la apertura de la clínica El Buen Samaritano.

“Quise pintar al curandero azteca del pásado y al médico del presente, ambos bajo el poder de aquel que provee sanidad en todos los tiempos.”