La Acción Afirmativa Blanca

Por Betsy Leondar-Wright

¿Cómo me he beneficiado de ser de raza blanca?

Las decisiones contradictorias del Tribunal Supremo sobre si la Universidad de Michigan pudiera considerar la raza al seleccionar a sus estudiantes, me llevan a preguntarme ¿qué preferencias habría recibido mi familia durante los años pasados?

Como la mayoría de la gente sin la riqueza heredada, tiendo a ver mi éxito como el resultado del trabajo arduo y mis habilidades. Mis cuentas de jubilación y mi pago inicial por mi casa fueron ahorrados dólar-por-dólar de mi sueldo. Ascendí de trabajos del salario mínimo para hacerme una profesional asalariada. ¿Pudiera alguien de cualquier raza haber hecho lo mismo?

Para ver todos los efectos de la raza se requiere mirar generaciones atrás. Salí de la universidad sin préstamos estudiantiles, ¿por qué podía mi padre pagar por mi educación? Como excombatiente de la segunda guerra mundial, asistió a la escuela para graduados por el GI Bill y recibió una hipoteca subvencionada de la Administración de Excombatientes, beneficios de que la mayoría de los excombatientes de color fueron excluidos. Como dueño de una casa, recibió la reducción de los ingresos de hipoteca, una reducción fiscal indisponible a la mayoría de la gente de color.

Mis abuelos tenían beneficios de la seguridad social cuando alcanzaron la edad de 65, quitando a mi padre de la responsabilidad de apoyar a sus padres. Los trabajadores agrícolas y domésticos eran excluidos de la ley original de la seguridad social aprobada en 1935, la mayoría de la gente de color en la generación de mis abuelos aportaba poco o nada al sistema de seguridad social, y por eso recibían poco o nada para la jubilación. Era más probable que personas de color de la edad de mi padre apoyaran a sus padres, y por eso tenían menos capacidad de pagar la educación de sus hijos.

En 2001, la familia blanca típica tuvo $120,000 en valor neto (activos menos deudas), siete veces más que el valor neto de $17,000 de la familia típica de color, según datos nuevos de la Reserva Federal. La mayoría de personas blancas son dueños de casas con cuentas de jubilación gracias a políticas gubernamentales que aumentaban los activos de nuestros padres, abuelos y antepasados. Los beneficios financieros de los programas de acción afirmativa parecen pequeños al lado de los beneficios de, por ejemplo, las Actas de Granjas de 1862, que dieron millones de acres a pobladores blancos, y que excluyeron a personas de color.

Cuando el Presidente Bush intervino con el Tribunal Supremo contra la política de acción afirmativa de la Universidad de Michigan, estaba actuando como parte de la tradición del gobierno federal de fomentar la promoción de americanos blancos. No ha habido ningún reto a la preferencia de Michigan por hijos de ex alumnos, o a la preferencia dado a estudiantes blancos de ingresos bajos. Solamente el aumento para estudiantes de color fue atacado.

“La esclavitud pasó hace mucho tiempo,” es el argumento contra las preferencias por los africano­americanos. La segregación y la discriminación legal fueron prohibidas con el Acta de Derechos Civiles de 1964. Pero por mucho tiempo después que el racismo legal había pasado, unas políticas continuaban con impactos racialmente distintos. Personas blancas todavía tienden a recibir condiciones de crédito menos estrictas, mejores escuelas, sentencias en prisión más breves, y beneficios gubernamentales más generosos que las de color.

¿Qué se necesitaría para eliminar la diferencia entre la riqueza de las razas? La acción afirmativa basada en la raza que se usa en universidades, en contratar, y en promover es sólo uno de los elementos necesarios para ayudar a todos los americanos de ingresos bajos a adquirir activos básicos. Después de la segunda guerra mundial, el GI Bill desarrollaba una clase media blanca. Ahora necesitamos un GI Bill nuevo que dé la oportunidad a todos.

Como beneficiarios de provechos “blancos” en una democracia supuestamente basada en el principio que “todos son creados iguales,” nosotros como personas blancas tenemos una responsabilidad de propugnar el extender del círculo de apoyo gubernamental para incluir a todos los americanos.

Betsy Leondar-Wright es la Directora de Comunicaciones a United for a Fair Economy (www.faireconomy.org) y co-autora de "Shifting Fortunes: The Perils of the Growing American Wealth Gap."