EL INCONSTANTE

Los ojos se me fueron

tras de una morena que pasó.

 

Era de nácar negro,

era de uvas moradas,

y me azotó la sangre

con su cola de fuego.

 

Detrás de todas

me voy.

 

Pasó una clara rubia

como una planta de oro

balanceando sus dones.

Y mi boca se fue

como  con una ola

descargando en su pecho

relámpagos de sangre.

 

 

Detrás de todas me voy.

Pero a ti sin moverme,

Sin verte, tu distante,

Van mi sangre  y mis besos,

morena y clara mía,

alta y pequeña mía,

ancha y delgada mía,

mi fea, mi hermosura,

hecha de todo el oro,

y de toda la plata,

hecha de todo el trigo

y de toda la tierra,

hecha de toda el agua

de las olas marinas,

hecha para mis brazos,

hecha para mis besos,

hecha para mi alma.

 

Pablo Neruda