Mujeres del norte

México del Norte • Jorge Mújica

Un ciudadano, medio voto

Haciendo sus maletas, y dándose cuenta de que en su viaje a Illinois, Michigan y Minesota no traía ningún regalito para los héroes del sexenio, los migrantes, Don Vicente Fox entendió que no podía llegar con las manos vacías.

El tema de la regularización migratoria ya no pega, porque ya los gringos le dijeron que ni lo sueñe. Mucho menos las “fronteras abiertas” que anunció en Washington hace tres años. La amnistía que los ciudadanos de México del Norte le exigían que respaldara ya la había descartado desde que vino a Chicago en el 2001.

Lo de bajarle el costo al envío de remesas tampoco pega ya, porque los migrantes solitos se encargaron de hacerlo desde hace rato, ante la falta de actividad de la administración federal.

El programa tres por uno tampoco es buen tema, porque desde que se le ocurrió federalizarlo está peor que nunca. Los trámites burocráticos federales son prácticamente incumplibles y el presupuesto es cada día menor. Hay docenas y docenas de solicitudes esperando trámite y posiblemente no se resuelvan hasta el próximo sexenio.

Pensando, pensando, Fox se acordó de un tema que no había tocado en años, a pesar de que los migrantes se lo habían pedido desde que era candidato, y que él mismo se había comprometido a conseguir para el 2003: el voto.

Armó un acto al vapor en Los Pinos y anunció que “Un ciudadano, un voto, es la base de la democracia”. Aprovechó para firmar un proyecto de ley que no pudo mandar al Congreso, pero que cambiaría la ley electoral para que los paisanos en el exterior voten en 2006.

La iniciativa, por desgracia, no está basada en las propuestas de los migrantes. Está basada en la idea del voto en abonos promovida por el ex subsecretario de Gobernación Francisco José Paoli.

Es la idea de que para ejercer los derechos políticos ciudadanos hay que estar en territorio nacional. Dice la iniciativa que “los ciudadanos mexicanos que se encuentren fuera del territorio nacional, podrán votar por presidente de los Estados Unidos Mexicanos a partir de la elección del 2006”. Es decir, que nuestra participación para elegir a otra tercera parte de las autoridades del país, los diputados y senadores, no existe.

Es la propuesta que no firmó ningún presidente de ningún partido político y ningún coordinador parlamentario. La idea dice que “sólo podrán votar los que cuenten con credencial de elector”, y eso respetando “los principios de seguridad, privacidad y limpieza electoral”. Es la que “prohibe a los partidos políticos y a sus candidatos realizar actos públicos de campaña o difundir su propaganda electoral en medios masivos de información fuera del territorio nacional”, la idea de votar en la ignorancia y lo oscurito.

No nos gusta.

Una iniciativa que no incluya dar credenciales de elector en el exterior es una iniciativa que le quita derechos a millones de ciudadanos indocumentados que no van a volver a cruzar el desierto nomás para ir a conseguirla.

Una iniciativa que no permita elegir diputados y senadores migrantes impide que las voces migrantes lleguen al congreso.

Claro que venir a inaugurar un edificio usado no tenía mucho chiste y no justificaba el viaje. Pero tratar