La semana pasada, en una reunión social, alguien me dijo que yo no tenía nada bueno que decir de los Estados Unidos. Tal vez lo que ha ocurrido es que estoy tan preocupada por los peligros que veo venir para las generaciones presentas y futuras de este país, que se me ha olvidado recordarles a otros y a mí misma las cosas buenas que veo aquí.

Primero quiero recordar algo de historia. Recuerdo no hace mucho el espíritu cívico que reinaba aquí. La gente solía participar más en los asuntos políticos del país, hoy en día existe mucha apatía hacia lo que ocurre. Generalmente la gente no participa porque no le importa o porque piensan que no vale la pena y nada bueno sale de tanto hablar o participar.

Aún continúo viendo gran activismo pero una vez el respectivo proceso electoral termina, el activismo desaparece.

Puedo ver la fortaleza interior de una sociedad que se preocupa por lo que le pasa a otros, pero carece de información acerca de como funcionan los procesos políticos y quienes son los que en realidad toman las decisiones que nos afectan a todos. El proceso político se ha visto afectado por los dineros provenientes de grupos de interés que solo buscan su propio beneficio y el bienestar general.

Por varias décadas, los grupos que cabildean el gobierno son los que nominan y apoyan sus candidatos y ellos son el verdadero poder detrás de cualquier decisión respecto al comercio exterior e incluso al militarismo.

La información proveniente de los medios regulares no provee suficientes elementos que permitan analizar lo que sucede, además tener mucha información no significar tener conocimiento. Parece que la forma acumulativa de aprendizaje se enfoca en reunir partes de información de todo, muchas veces en forma repetitiva, pero sin darnos tiempo para reflexionar y escuchar otros perspectivas distintas a las nuestras.

El voluntariado es la columna dorsal de esta sociedad. Me atrevo a decir que la mitad de lo que se logra en favor de la gente con necesidades lo hacen voluntarios. Es absolutamente increíble la cantidad de horas que los voluntarios pasan cuidando de otros, enseñando, guiando, dando información y haciendo toda clase de servicios a otros.

Detrás de este activismo y voluntariado está el corazón de aquellos que se preocupan por otros. Ellos no solo se preocupan por la gente aquí, sino también en el exterior. Cada vez que ocurre una catástrofe en cualquier lugar del mundo, el pueblo de los Estados Unidos toma parte activa en proveer asistencia a los necesitados.

Veo muchas cosas buenas ocurriendo en este país, pero me temo que la gente en otros lugares no tiene la oportunidad de conocer a la gente buena que vive aquí. Por el contrario, ellos ven a diario sus vidas afectadas por la globalización, el militarismo y las guerras originadas en este país.

Si no usamos el poder que tenemos para que la gente aquí caiga en cuenta de estas situaciones, estamos poniendo en peligro a las generaciones más jóvenes; les estamos exponiendo al odio creado en su contra mientras ignoramos nuestra propia historia y el papel que jugamos aquí y en el mundo.

Creo que los Estados Unidos tiene mucho que ofrecer, pero también tiene mucho que aprender de sí mismo y de otros.