Las increíbles aventuras de Memín Pinguín

Por Yhamel Catacora

Aunque los colores rojizos y marrones de la revista de Memín Pinguín, las primeras que vi hace más de 20 años, no eran los que típicamente atraen a un niño, no se puede negar que definitivamente, el travieso Memín, era uno de los personajes más queridos en nuestro hogar.

No sabía que aquellas revistas habían viajado desde México entre las cosas de mis padres, ni que su autora era una talentosa cubana, Yolanda Vargas Durche. Jamás pensé que vendría a encontrar a Memín, décadas más tarde, plasmando los principales periódicos de esta nación y siendo apuntado por congresistas, por el Reverendo Jackson, y todo el pelotón de activistas que velan porque los derechos civiles de esta nación no se vuelvan a violar.

El escándalo se desencadenó con una serie de estampillas que pretenden realzar el arte de la caricatura mexicana; no resulta difícil entender por qué el gobierno mexicano optó por homenajear al artista a través de un singular personaje, y uno que trascendió edad, origen y, bueno, color.

Hace falta vivir un par de días en esta nación para darse cuenta qué papel juega el color, la raza y hasta el género en todo lo que hacemos y decimos. Sabemos que si no hubiera un NAACP o un NCLR, tal vez como HISPANOS, no podríamos entrar en algunos baños públicos. No cabe duda, la historia de este país en cuanto al color es triste, y lo peor de todo es que no es historia de la antigüedad, es demasiado reciente.

¿Pero por qué tiene que ser un personaje como Memín el chivo expiatorio que pague los años de injusticias contra las minorías en este país, y las metidas de pata de un momento de euforia de Mr. Vicente Fox?

Si Memín constituye un arma peligrosa para perpetrar el racismo en el mundo, debíamos comenzar por hacer una limpieza interna y analizar a todas las caricaturas que se consideran aceptables y correctas. No es estereotipo que un hispano sea representado por alguien que habla con acento, que es bajito, gordito y moreno.

Memín está siendo injustamente atacado por personas que jamás tuvieron el don de leer sus historietas, de maravillarse con sus viajes, de zafarse de las manos de su MA, después de una travesura.

Ojalá que Condorito y Mafalda nunca vean el spot light que pudo ver Memín, porque imagino la tristeza de sus destinos. Son esos personajes, sabios, cómicos, diestros, los que nos han dado historieta por historieta, un resumen de nuestros tiempos, una versión amena de nuestro diario vivir en Latinoamérica. Ojalá que Mr. Jackson et al comprendan algún día que a pesar de la globalización, a pesar de la constante influencia estadounidense en todo el continente, todavía queda una realidad ajena a la suya; una que debían vivir antes de opinar. Envie sus comentarios a Yhamelc@aol.com