Fumigaciones afectan región fronteriza Colombia-Ecuador

Las fumigaciones en la frontera entre Colombia y Ecuador están afectando el medio ambiente y la salud de los habitantes de tres provincias. Los habitantes de Sucumbíos, Esmeraldas y Carchi siguen sufriendo los efectos de las fumigaciones con glifosato en las plantaciones de coca y amapola. Según la prensa ecuatoriana el prefecto de Sucumbíos, Guillermo Muñoz, el de Carchi, René Yandum y de Esmeraldas, Lucía Sosa, mencionaron que solicitarán apoyo a los organismos internacionales como la Unión Europea.

Esto debido a que las fumigaciones en grandes extensiones de terreno forman parte del Plan Colombia, que cuenta con el apoyo del Gobierno de Estados Unidos, afectan al territorio ecuatoriano y el gobierno de Palacio (presidente Alfredo Palacio) aún no ha tomando acciones.

Los ecuatorianos insisten en que Colombia debe suspender las aspersiones, pero Colombia sostiene que diversos estudios dan cuenta que no afectan la vida humana. Y mientras Quito afirma que la lluvia de glifosato debe restringirse a una franja de diez kilómetros de la frontera común, para prevenir efectos secundarios, Bogotá descarta las repercusiones, apoyado en un reciente informe de la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas (CICAD), adscrita a la OEA (Organización de Estados Americanos).

No obstante, el canciller ecuatoriano Antonio Parra Gil, asegura que “aún no hay una conclusión científica” en torno a las consecuencias de las fumigaciones, aunque añadió que es probable que éstas sólo se hagan visibles después de 15 ó 20 años. Bajo el gobierno del derrocado presidente Lucio Gutiérrez, Ecuador acordó con Colombia que el tema fuera investigado por una comisión técnica bilateral, en tanto siguieron las fumigaciones en el marco de la lucha contra el narcotráfico y los grupos rebeldes.

Los ministerios ecuatorianos de Medio Ambiente, Salud y Agricultura revelan que necesitan entre 500 y 800 mil dólares cada uno para realizar el análisis de contaminación del glifosato.

En julio del 2000 el periódico Hoy de la ciudad de Quito reportaba algunos de los efectos de las fumigaciones que la población de la Frontera Norte del Ecuador, colindante con Río Blanco del Solar de Colombia, sufría serias afectaciones a la salud, irritación de ojos, piel y nariz, náuseas, vómitos, problemas estomacales, dolores de oído, aumento de la presión arterial entre otros.