Niños en México menos propensos a estrés que migrantes

Los niños mexicanos que residen en su país muestran menores índices de estrés y ansiedad que los que han emigrado a los Estados Unidos, según estudios de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

“El idioma, las comparaciones con su país y la competencia propia de los EU les crean una mayor ansiedad”, dijo a Efe el doctor Benjamín González, académico de Psicología en la UNAM, respecto a los menores de 12 años.

Según los estudios en los que ha participado González, los niños de las metrópolis mexicanas no sufren mayor grado de estrés que los de otras grandes ciudades del mundo.

La Secretaría (ministerio) de Salud mexicana estima que entre 5 y 18 por ciento de niños y adolescentes mexicanos sufren ansiedad y que el 80 por ciento de adultos con síntomas ansiosos comenzaron con ellos antes de los 18 años.

El experto advierte que hay que diferenciar entre la ansiedad adaptativa, una respuesta protectora normal del cuerpo ante un estímulo que anticipa como amenaza, y la desadaptativa, que supone una condición patológica “muy costosa de tratar”.

El “mejor escudo” contra la ansiedad, según González, es dotar al niño de una buena red social (personas en las que percibe confianza y afecto), mejor que la atención de un especialista o que el suministro de cualquier fármaco.

“Las familias mexicanas constituyen redes de apoyo para los niños bastante efectivas en general”, manifestó el psicólogo.

Entre las reacciones que pueden suscitar ansiedad en un niño pueden colocarse aspectos menores como un examen o situaciones de mayor gravedad como la desatención prolongada, la emigración de un familiar, presenciar o ser víctima de delitos y los desastres naturales.

Hay niños que, a pesar de vivir en un entorno afectivo adecuado y tener bien distribuido su tiempo en actividades sociales, educativas y de ocio, pueden presentar casos de ansiedad y nerviosismo, calificados por González como “vulnerables”.

Entre las terapias que se pueden aplicar para combatir la ansiedad cuando ésta no es patológica destaca la de “poner en palabras el estrés”, que consiste en que el niño escriba durante dos o tres días unos minutos sobre lo que le produce nerviosismo.

En el caso de la ansiedad patológica, el psicólogo recomienda la atención de un especialista y el seguimiento del caso durante un período de tres a seis meses.