Bush se distancia de América Latina

Por Mark Weisbrot

De todos los disparates que escuchamos sobre Venezuela, la idea de que ese país es un “riesgo de seguridad” es probablemente la más ridícula. Durante los últimos seis años, desde que la administración Bush apoyó un fallido intento de golpe de estado contra el gobierno democráticamente electo del presidente Hugo Chávez, Washington ha esporádicamente acusado a Venezuela de tener conexiones con el “terrorismo”.

El gobierno estadounidense nunca ha proporcionado evidencia alguna para sustentar estas acusaciones. La última, proveniente de Colombia, es que Chávez ha apoyado a las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia). Pero no hay pruebas reales que respalden esta afirmación.

Actualmente, la administración Bush está considerando poner a Venezuela en una lista especial de “estados patrocinadores del terrorismo”, lo que implicaría sanciones económicas.

Las últimas dos elecciones presidenciales fueron determinadas por los votos de cubano-estadounidenses de derecha en la Florida. Muchos de ellos odian a Venezuela, y seguramente podemos anticipar que muchos políticos los tratarán de complacer. Pero Venezuela es el cuarto proveedor más grande de petróleo de Estados Unidos, y un país que importa una gran cantidad de productos estadounidenses, así que hay esperanza de que algunos líderes cuerdos tomen esto en cuenta.  

 La administración Bush, que está intentando aislar a Venezuela, ha logrado exactamente lo opuesto a lo que se propuso: Washington está más aislado de América Latina que nunca. Cuando Colombia invadió Ecuador, casi todos los países latinoamericanos condenaron esa violación de la soberanía, y esa acción fue ampliamente reconocida como llevada a cabo con la ayuda de Estados Unidos o, por lo menos, con su aprobación. Cuando la batalla política y diplomática se calmó, el presidente Lula da Silva, de Brasil, declaró que Chávez había sido “el gran pacificador” en el conflicto.

Lo mismo ocurre con el problema de los rehenes en Colombia, en donde el esfuerzo de Chávez como mediador recibió elogios de Europa, América Latina, y hasta de las familias de los militares estadounidenses en manos de las FARC. Todo el mundo, menos Washington, parece estar interesado en negociar la liberación de los rehenes en forma pacífica.

Washington se ha distanciado de América Latina: a través de sus recetas de política económica, que han sido ampliamente asociadas con el fracaso económico a largo plazo de América Latina; de sus propuestas de “tratados de libre comercio”, los cuales se tornan más impopulares cada año; y de la desastrosa y militarizada “guerra contra las drogas”. La administración Bush cree que puede cambiar esta situación usando a Venezuela de chivo expiatorio y lanzando acusaciones de su supuesto apoyo al terrorismo. Pero no funcionará su intento, por el simple hecho de que nadie en la región se lo cree.