Respuesta a las crisis: desarrollo global

Por Federico Mayor Zaragoza • Presidente de la Fundación para una Cultura de Paz / CCS

De todas las crisis a las que conduce una “globalización” basada en las leyes del mercado, la más grave es la alimentaria.

Por eso debe fomentarse la investigación en la producción de alimentos con un consumo de agua ajustado y el máximo ahorro en abonos. La transferencia del sistema nitrogenasa a los cereales y al arroz representaría un paso gigantesco no sólo en relación a la mayor disponibilidad de alimentos sino por la reducción del impacto medioambiental de los fertilizantes.

Hay que dejar de depender de las energías fósiles, cuyo precio se ha duplicado en los últimos tres años, y favorecer la contribución que pueden aportar las energías renovables. La producción de biocombustibles debe regularse con gran autoridad para que no amenace la disponibilidad de nutrientes. Las prácticas de cultivo deben mejorarse, en lo que se refiere al uso de agua, evitando transportes innecesarios y fertilizantes que pueden tener un efecto ecológico negativo, y afrontar de una vez la cuestión de los subsidios y otras formas de protección.

El desarrollo global representaría una solución firme y desplazaría el actual sistema que sigue intentando permanecer a través de parches.

En 10 o 15 años, con la tecnología de la comunicación más adecuada para la participación no presencial, la genuina democracia se consolidará a todas las escalas y se iniciará una nueva era: la de la ciudadanía. Se habrá producido una gran transición desde vasallos y súbditos a ciudadanos plenos. De una cultura de imposición, violencia y guerra a una cultura de diálogo, conciliación y paz.

Los estados se asociarán a escala regional y las Naciones Unidas se refundarán de modo que actúen como “democracia global”, sustituyendo a la actual plutocracia en la que los estados ven mermadas su autoridad nacional e internacional y su capacidad de acción, pues han trasladado buena parte del poder real a grandes corporaciones pranacionales. El resultado está a la vista: carentes de instituciones internacionales capaces de regular los distintos aspectos de la gobernación mundial, tiene lugar la concentración progresiva del poder económico, tecnológico y mediático en lo que, junto a la industria bélica, constituye el “gran dominio”.

Es inadmisible que se transfieran “al mercado” deberes morales y responsabilidades políticas que corresponden a los gobernantes democráticos. El mundo ha cambiado y muchos mandatarios y pueblos  han dejado de ser obedientes y sumisos, capaces de ceder a las presiones que ejercen los más poderosos. Empresas, medios de comunicación, ONG se sumarán a un movimiento que dará la medida del nuevo “poder ciudadano”.

En momentos de gran aceleración histórica, son más necesarios que nunca los asideros morales. Se avecina una nueva era.

Amartya Sen, premio Nobel de Economía, ha dicho que “el Estado, no el mercado, debe ser el responsable del bienestar de los ciudadanos, sobre todo de los países en vías de desarrollo”. Para evitar la revolución del hambre, activar la evolución a un nuevo sistema económico planetario. La diferencia entre revolución y evolución es la r de responsabilidad.