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  • Edición impresa de Julio 20, 2010

 Un nuevo actor emerge en la batalla por el dominio del litio. La provincia de Ghazni, al sur de Afganistán, alberga un yacimiento que podría duplicar el total de las reservas existentes en Bolivia, que tenía hasta ahora las reservas más grandes del mundo.

Hace apenas 20 años, el litio no destacaba entre los demás elementos químicos que poblaban la tabla periódica de las escuelas. Las baterías de los teléfonos móviles, ordenadores portátiles y la actual evolución de los medios de transporte han hecho de este metal ligero uno de los recursos más deseados del planeta. El petróleo como principal fuente de energía en la industria del automóvil tiene fecha de caducidad, y parece que el litio tomará el relevo.

En la década de 1980, el químico estadounidense John B. Goodenough, al frente de un equipo de investigación de Sony, inventó la batería de iones de litio recargable, estable y más eficiente que la batería de litio puro. Sin saberlo, estaba sentando las bases del transporte del futuro.

La crisis económica, el alto precio del barril de petróleo y el uso indiscriminado de combustibles fósiles en los automóviles impulsaron el debate acerca del coche eléctrico. Las baterías de iones de litio han demostrado ser la solución más viable hacia un transporte sostenible.

El litio se encuentra en las rocas y en el mar, aunque es en las aguas saladas, bajo las minas de sal, donde están casi todas las reservas explotables. La mayor concentración mundial conocida hasta hace poco está en Bolivia. El salar de Uyuni, ubicado en la provincia de Potosí, la más pobre del país, abarca una superficie de 12,000 kilómetros cuadrados. Aunque las técnicas de extracción están en proceso de perfeccionamiento, el gobierno de Evo Morales ya ha instalado en la zona una planta piloto de producción.

El consorcio francés Bolloré-Eramet, la empresa brasileña Vale do Río Doce y otras grandes compañías, como Mitsubishi o LG, han ofrecido su apoyo económico para la explotación del recurso boliviano.

En todo el mundo, empresas y países compiten por financiar los grandes proyectos del litio. Con los coches eléctricos todavía en la rampa de lanzamiento a gran escala, es difícil pronosticar cuándo llegará el pico de demanda del recurso.

Los salones internacionales del automóvil recogen las propuestas de los grandes fabricantes de cara a un futuro inmediato. La presencia de prototipos propulsados mediante motor eléctrico es el denominador común en todas ellas. La burbuja de la industria del litio se hincha y los países ricos en el mineral se frotan las manos. Su futuro inmediato dependerá del tiempo que tarde el petróleo en ser derrocado. El verdadero ‘boom’ del litio todavía está por llegar.

 


 

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