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  • Edición impresa de Julio 17, 2012

Colombia • Desplazados por las multinacionales: “somos víctimas de la inversión española”

Dos velas en cada extremo custodian el diminuto féretro blanco. Rodeándolo, la oscuridad, y sumergida en ella, el pueblo de los Nonam. La comunidad afrocolombiana de Buenaventura, que mucho sabe de paramilitarismo y desplazamiento forzado, se ha sumado al velatorio por solidaridad.

“Míralos, me recuerdan a nosotros cuando tuvimos que salir corriendo de nuestro territorio, aunque para ellos es más duro, pues hablan poco español y fuera de su hábitat es difícil que puedan sobrevivir”. Geraldine, hija y nieta de líderes afrocolombianas, sostiene la cabeza de otro de los bebés indígenas que podría morir debido al hambre y la insalubridad causada por el desplazamiento, tal como le ha sucedido a la pequeña Heidy Membache, de apenas un año. En las próximas horas, otros dos bebés han entrado en estado crítico. El agua infectada, la desnutrición, las elevadas temperaturas y la falta de higiene (toda la comunidad indígena duerme en el suelo bajo un techo de paja) terminarán el trabajo de exterminio al que las fuerzas oscuras que poseen Colombia les ha condenado.

Con hombres armados sacando los rifles por las ventanas, un interminable convoy de vehículos blindados, militares y policiales pasa a gran velocidad por delante de la chabola que, a orillas de la carretera, cobija a los desterrados. Se trata de la delegación presidencial que ha venido a Buenaventura acompañada de los empresarios españoles. En las próximas horas inaugurarán en el super puerto la enorme terminal de contenedores que según sacerdotes, indígenas y defensores de los derechos humanos, “ha causado un gran desplazamiento, que muchas vidas ha costado”. La empresa responsable del polémico proyecto es la española Grup TCB propiedad del Deutsche Bank y la familia Pérez Maura, quien tiene a uno de sus hermanos, Ramón, trabajando como director adjunto del diario ABC. (Grupo Vocento) y analista de Internacionales.

No han pasado ni dos horas desde que Heidy haya sido enterrada y ya se escucha a lo lejos la música y los fastos. Colgando una cámara que da apariencia de reportera a Geraldine conseguimos sortear todos los controles de seguridad hasta llegar al corazón de la exclusiva fiesta. Allí, frente a la élite empresarial, política y militar, se encuentra dando un discurso el presidente Santos, quien en su anterior mandato como ministro de Defensa fuera investigado por la Fiscalía como responsable de la ejecución extrajudicial de más de mil jóvenes. El discurso comienza con embarazosos elogios al periodista de ABC y su familia inversionista. Y tras insistir en que “se debe facilitar la vida a los inversionistas”, cierra el monólogo con un escalofriante aviso: “Hay que eliminar todas las trabas y obstáculos”.

Santos y toda la comitiva, que viste de blanco colonial, se disponen a brindar con champagne antes de sentarse al banquete. Comienza la música de baile y Geraldine, la joven desplazada, tiene que regresar a su comunidad. “Me ha llegado un mensaje. Otra niña está mal”.

 


 

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