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  • Edición impresa de Julio 2, 2013

Inicia el Año Nuevo Aymara, el regreso del Padre Sol

z779Tahua, Bolivia, 21 junio – Las hogueras sagradas, los conjuros, la vigilia desde la madrugada, los banquetes donde todos llevan y todos comparten, la hoja de coca masticada y quemada, las ofrendas a la Madre Tierra y a las fuerzas del cosmos dieron inicio al Año Nuevo Aymara en Bolivia.

La isla Jitiqsa, en el sureño salar de Uyuni, un monolito lleno de cactus en medio de una Antártida de sal, fue el centro de los festejos. En los pueblos originarios celebraron el regreso número 5521 del Padre Sol a la Tierra: victoria sobre las tinieblas y la muerte del invierno.

Esa madrugada, cuando la luz era todavía una promesa, decenas de sabios amautas encendieron el fuego sagrado en una de las laderas de la isla, mientras cantaban y oraban en espera del primer rayo de sol.

Los cantos y rezos de los amautas aumentaron a medida que las luces comenzaron a asomar en el horizonte, hasta que el disco de fuego asomó sus primeros rayos y todos explotaron en gritos de vivas, mientras alzaban las manos para recibir las energías de los ancestros.

Había llegado la hora cumbre del Inti Raymi, la fiesta del Sol, anunciada por los sonidos de los caracoles desde la madrugada.

Los amautas iniciaron entonces una procesión con símbolos de la Madre Tierra, sacrificaron dos llamas y realizaron bailes rituales hasta pasado el mediodía, en tanto un grupo de teatro representaba una obra sobre el choque de culturas tras la llegada de los españoles a América.

Un rato después, tomaron posesión de sus cargos las autoridades originarias, luego de recibir los mandos a través de atributos sagrados y ofrecer un banquete.

Cada 21 de junio en Bolivia, las autoridades de los pueblos, municipios y localidades indígenas ceden el poder a quienes fueron elegidos por el ayllu, la comunidad, mientras los jóvenes se inician en los misterios de una de las religiones más antiguas del continente.

“Hemos venido en oración hasta la isla para recibir al Padre Sol y honrar a la Madre Tierra, a recibir las fuerzas de nuestros ancestros, las energías telúricas y cósmicas”, comentó el abuelo Lucas Choque, presidente del Consejo de Amautas de Tiwanaku.

En el salar de Uyuni, las celebraciones comenzaron al atardecer del jueves con una despedida del sol en las colinas del cerro Tunupa, un volcán apagado, considerado un sitio sagrado por los creyentes.

A la medianoche, los amautas realizaron un ritual en la plaza de Tahua para pedir permiso a la Madre Tierra y las fuerzas del universo para la gran celebración de esta mañana.

El Inti Raymi, la fiesta principal del Imperio Inca, se mantuvo oculta en Bolivia, trasmitiendo sus ritos en silencio, de generación en generación hasta mediados del siglo pasado y se mantiene como una de las tradiciones ancestrales que definen la identidad del pueblo boliviano, de sus luchas contra la discriminación y de sus sueños por un futuro mejor.

 


 

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