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  • Edición impresa de Julio 2, 2013

Se gana otra batalla, no la guerra... todavía

WASHINGTON, D.C. – Con un sólido voto bipartidista de 68 sobre 32, y con el apoyo los demócratas y de 14 republicanos, el Senado federal aprobó un proyecto de reforma migratoria histórico, tanto por razones positivas como negativas.

Lo positivo: mantuvo la integridad de una larga y complicada vía a la legalización y eventual ciudadanía de millones de indocumentados que llenen los requisitos estipulados. A pesar del sinuoso camino a la residencia permanente y a la ciudadanía, los inmigrantes obtendrán permisos de trabajo, además de que podrán viajar y vivir sin la amenaza de la deportación. La medida, asimismo, mejora significativamente aspectos del sistema migratorio.

La vía de 13 años a la ciudadanía será más acelerada para ciertos grupos, como dreamers y trabajadores agrícolas. Ambos grupos podrán solicitar la residencia permanente al cabo de cinco años: los primeros si tienen título universitario o sirven en las Fuerzas Armadas y los segundos si continúan trabajando en la agricultura.

No hay un tope de edad para los dreamers al momento de iniciar su vía a la ciudadanía y sus multas se reducen.

Además, el proyecto mejora aspectos de la reunificación familiar al permitir que quienes aguardan su turno por una visa familiar o de trabajo puedan inmigrar dentro de un lapso de ocho años. La medida crea, incluso, una visa W para indocumentados que buscan empleo en industrias excluidas de los actuales programas de visas.

Pero como en todo lenguaje de consenso, también hay aspectos negativos. Uno de los peores es que el proyecto designa fondos y recursos sin precedentes a la frontera, unos 46 mil millones de dólares para completar 700 millas de barda; eleva casi a 40 mil la cifra de agentes fronterizos, y emplea mayor tecnología de vigilancia incluyendo más aviones no tripulados.

Las medidas de seguridad deberán implementarse en el lapso de 10 años en que permanecerán los beneficiados como Inmigrante Provisional Registrado (RPI), y antes de que soliciten su residencia permanente.

Todavía queda por delante un complicado e incierto proceso legislativo en la Cámara de Representantes, de mayoría republicana que, de momento, envía señales preocupantes.

La vía a la ciudadanía sólo asomó su rostro en un proyecto bipartidista de reforma migratoria que lleva años negociándose y todavía no ve la luz del día. Pero no hay que quitar el dedo del renglón. El congresista demócrata de Illinois, Luis Gutiérrez, también recuerda otra cosa: el proyecto que emerge del Senado no es el final. Si la presión rinde frutos en la Cámara Baja y allí se aprueba otra medida o incluso si la Cámara Baja decidiera aprobar únicamente medidas de aplicación de leyes, todavía quedaría por delante una negociación bicameral para conciliar los proyectos.

Ese proceso de conciliación brinda la oportunidad, muchas veces, de mejorar productos, de afinar detalles. Y también hay otras oportunidades de mejorar productos de manera legislativa y administrativa. Con el proyecto del Senado, dijo Gutiérrez, “se está pagando un precio muy alto para conseguir los votos necesarios y tener una mayoría abrumadora en el Senado. Concedo eso. Pero, ¿cuál es el precio de no hacer nada, el precio de derrotar este movimiento? Eso no se puede calcular”.

Por ahora, el voto del Senado da un histórico soplo de vida a esa reforma. Sólo resta seguir adelante.

 


 

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