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  • Edición impresa de Julio 16, 2013

Por Zulma Prieto

A medida que nos acercamos más a mediados de agosto, se escuchan más historias de inmigrantes en todo lugar. Se puede sentir la ansiedad y expectativa proveniente de muchos en el país. Cada historia nos hace caer más en cuenta que hablamos de personas reales, quienes han sido afectadas por un sistema de inmigración obsoleto.

Esta vez ha habido una creciente presión para pasar una reforma migratoria, sin embargo, cada día también vemos un mensaje soslayado de que la oposición también aumenta y crea más y más obstáculos a la propuesta.

Después de haber introducido a ultimo momento un tremendo y engorroso artículo sobre seguridad fronteriza, el cual debe cumplirse antes de que cualquier reforma migratoria tenga lugar, solo me queda estar de acuerdo con un comentario que escuché el sábado durante un foro de inmigración: “Después de asegurar la frontera del sur, ¿harán lo mismo con la frontera canadiense, la cual es incluso más larga? Recordemos que los terroristas del 11 de septiembre entraron legalmente por esa frontera. ¿Tenemos que asegurarla antes de la reforma? Y después, debemos asegurar las dos costas del país, incluyendo el golfo de México?” Usar la seguridad fronteriza como primordial es solo una excusa para continuar militarizando el país.

Si ya no se emprenderán más guerras externas, pero aún no podemos parar el negocio militar y de las armas, entonces esas armas y entrenamiento tienen que ser utilizados en otro lugar. ¿Por que no aquí?

Me pregunto qué clase de seguridad militar existe en países verdaderamente desarrollados como Finlandia, Noruega o Suecia? ¿Qué clase de seguridad fronteriza existe en Alemania o Francia? ¿Están todos esos países también en el negocio de vender armas?

Aunque los pasos trazados en la propuesta del senado no solo son difíciles sino demasiado costosos, digamos para un familia de 4. Ellos tendrían que pagar $1,000 dólares o más, por persona, cada 6 años a fin de mover su proceso hacia obtener la residencia. Eso significa entre 8 a 12 mil dólares por familia para llegar a ser un ‘invitado legal’ ya que una visa de residente implica que se tiene ciertos derechos, y también significa que puede ser deportado en cualquier momento por una de múltiples razones, incluso por el cambio de las leyes. Solo si llegan a obtener la ciudadanía podrán respirar tranquilos a salvo de ser deportados.

Durante los 12 años del ‘Status de residente temporal’, enfrentarán todo tipo de barreras; sin embargo, ellos desean comenzar el proceso.

Como Napolitano quería, los inmigrantes dirán quiénes son y dónde están. Esperemos que esto no se use en su contra y ellos puedan iniciar su proceso de legalización. Se están ofreciendo a ser escrutinizados, multados, gravados de impuestos y encima de todo esto, a esperar largos años.

Excusas tales como la de la frontera, ¿demorarán más y más sus esperanzas?

Tenemos que seguir animándolos y defendiendo su causa, escribiendo cartas y correos y llamando a ‘nuestros representantes’ (aquellos elegidos por nosotros, para que lleven nuestra voz y creen la legislación apropiada). Nosotros los elegimos, ellos deben escucharnos y hacer su parte.

Este es el momento de ser un testigo activo en este proceso.

 


 

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