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  • Edición impresa de Julio 19, 2016.

El alza indiscriminada de tarifas provoca la primera gran manifestación contra el gobierno de Macri en Argentina

A sólo siete meses de haber asumido y tras un radical y desordenado aumento de tarifas de los servicios públicos, superior en muchos casos al 2000%, el presidente argentino Mauricio Macri afrontó el jueves pasado la primera protesta multitudinaria contra su gobierno, un cacerolazo que sonó fuerte en las principales ciudades del país.

Organizada por asociaciones de consumidores, ni la lluvia ni el partido del popular equipo de fútbol Boca Juniors detuvieron a los manifestantes, que participaron de la convocatoria tal y como se había difundido por las redes sociales: haciendo ruido.

A las 8 de la noche, un nutrido grupo de vecinos y algunas agrupaciones peronistas y de izquierda cortaron la céntrica avenida 9 de Julio, a la altura del famoso Obelisco, golpeando cacerolas y llevando carteles pidiendo la vuelta atrás de la impopular medida, la renuncia del ministro de Energía, Juan José Aranguren, y la del propio Macri.

En los barrios de la Ciudad de Buenos Aires, algunos bajaron a las veredas y se agruparon en las principales avenidas y otros generaron el ruido desde sus ventanas. Los automovilistas apelaron a sus bocinas y los estudiantes de las universidades, enfrentados al Ejecutivo por el recorte que hizo también en el presupuesto educativo, pararon momentáneamente las clases para poder participar de la protesta.

Vecinos de la zona norte se acercaron a la Quinta de Olivos, la residencia presidencial, con carteles que decían: “Macri, tu neoliberalismo mata” o “Le sacás a los pobres para darle a los ricos”, entre otras frases haciendo referencia a la falta de escucha del Gobierno con respecto a los aumentos de precios.

La protesta se sintió fuerte en las principales ciudades del país, como Rosario, Mendoza, Bariloche, Córdoba y Mar del Plata, pero también en las zonas más alejadas. Durante media hora, todo fue ruido de cacerolas golpeadas con una cuchara o contra una pared, palmas y gritos.

Lo que generó la multitudinaria manifestación fue el incremento meteórico de las tarifas de electricidad, agua y gas, impulsado por el propio Gobierno a los pocos meses de haber asumido. De 20 o 40 pesos que se pagaba la factura de gas, pasó en algunos casos a 1,800 o 2,500 pesos, un monto imposible de pagar para muchos argentinos, ya que el sueldo mínimo es de casi 9,000 pesos y mucha gente gana eso como retribución por su trabajo. Esto, sumado a la alta inflación, provocó la reacción de las clases medias y bajas que apenas medio año antes habían votado al gobierno neoliberal de Macri.

Al día siguiente, desde la Casa Rosada minimizaron la movilización diciendo que había sido organizada por sectores del kirchnerismo duro y la izquierda, pasando por alto que quienes llamaron a manifestarse fueron ONGs vinculadas a la defensa de los consumidores. Además, Macri ratificó en su cargo al polémico ministro Aranguren, defendió la suba de tarifas y reiteró que “si estás en tu casa en remera y patas, es que estás consumiendo energía de más”, olvidando que en pleno invierno, con temperaturas bajo cero en la Patagonia, la calefacción es una necesidad básica que no se soluciona poniéndose más abrigo.

 


 

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