Para muchos pueblos de América la tierra es sagrada. De su vinculación a la tierra deriban su fortaleza y diario sustento. La gente usa la tierra y se beneficia de ella pero también le devuelve algo a ella. Este es el caso de la gente de San Salvador Atenco, México. Ellos son un ejemplo para el mundo por la forma como no quisieron entregar sus tierras para un nuevo aeropuerto cerca de Ciudad de México.

Se tomó la decisión sin su consentimiento, se trazaron los planos y probablemente se constrataron las compañías constructoras, pero la gente se negó a entregar la tierra. La gente se organizó y a pesar de los esfuerzos del gobierno por reprimirlos, la gente ganó.

Tal vez fue la oportunidad del momento. El Papa estaba por llegar a México, a la canonización de Juan Diego, un indígena, y los ojos del mundo observaban el suceso. Todos los grupos indígenas de México habían sifo invitados al evento. Los campesinos de Atenco, descendientes de los indios, no se encontraban entre los invitados, pero ellos querían que sus voces se escucharan.

El Papa hizo un llamado público a respetar los derechos de los indígenas de las Americas y los “nativos” en el escenario danzaron en coloridos y esplendorosos trajes. También los mariachis cantaron en Nahuatl. La coreografía del evento fue perfecta, pero una vez pasan los eventos, qué ocurrirá con los derechos de los nativos?

Cúantas batallas les esperan a la gente de Chiapas? Cuántos intereses petroleros y turísticos serán más poderosos que los derechos de los dueños de la tierra?

Creo que hoy más que nunca, la gente de la tierra, con gran valentía se opuso a los poderosos y venció. Tal vez esta es una lección que muchos militares deben aprender.

Hay un espíritu comunal que es muy difícil de vencer. Ese espíritu está mezclado con la tierra, el viento, las plantas, el paisaje. El espíritu de los pueblos es lo que hace que muchas guerras se prolonguen indefinidamente y no se resuelvan.

Los poderosos tienen el dinero, tecnología y las armas. Los pobres tienen la fortaleza de su número, la tierra y por encima de todo, la verdad.

En muchos lugares de la tierra los pobres y oprimidos han llegado a su límite de tolerancia y muchos líderes bélicos deberían darse cuenta de la lección impartida por pueblos como los campesinos de Atenco.