Torres de Dios...

¡Torres de Dios! ¡Poetas!

¡Pararrayos celestes,

que resistís las duras tempestades,

como crestas escuetas,

como picos agrestes,

rompeolas de las eternidades!

 

La mágica esperanza anuncia un día

en que sobre la roca de armonía

expirará la pérfida sirena.

¡Esperad, esperemos todavía!

 

Esperad todavía.

El bestial elemento se solaza

en el odio a la sacra poesía

y se arroja baldón de raza a raza.

 

La insurrección de abajo

tiende a los Excelentes.

El caníbal codicia su tasajo

con roja encía y afilados dientes.

 

Torres, poned al pabellón sonrisa.

Poned ante ese mal y ese recelo

una soberbia insinuación de brisa

y una tranquilidad de mar y cielo...

 

Rubén Dario

 

 

 

Manos Azules

para Raúl Manríquez

 

Alguien me dijo

que tú eres un poeta moderno.

Yo nada más me quedé pensando

supuse cierto ahorro de papel

una pluma mágica y eléctrica

luz azul

en la suntuosa majestuosidad

de un cuarto frío.

 

Ma. Dolores Guadarrama