¿Cómo y cuándo aparecen los dientes?

Cuando los niños empiezan a cambiar de dientes, alrededor de los sies o siete años, se llenan de emoción. Se les ve aflojándose con la lengua sus pequeñas perlas de leche; algunos tienen huecos inmensos en sus sonrisas y a algunos otros se amarran sus dientes flojos a las puertas para luego azotarlas y acelerar el proceso. Pero antes de todo esto, la historia de los dientes comienza en el vientre. Los dientes de “leche” o deciduales se empiezan a formar en el feto a partir del tercer mes. Durante el embarazo el bebé toma el calcio que le aporta su madre y se forman los núcleos dentarios adentro de las encías. Algunos medicamentos tomados durante el embarazo pueden dañar estos núcleos y hacer que los dientes no salgan o erupcionen con alguna deformidad.

Tenemos 20 dientes desiguales, los primeros en salir son los incisivos centrales inferiores, seguidos por los superiores. Alrededor de los sies o siete meses aparece el primer diente, acompañado de un poco de molestia para el bebé. Después salen los incisivos laterales, y para el año y medio de vida, el bebe ya tiene aproximadamente seis dientes. A este período le sigue una pausa de tres o cuatro meses para que salgan el resto de los incisivos, las muelas y finalmente los caninos, o “colmillos”. El cuidado de los dientes primarios es indispensable para asegurar la salud de los dientes permanentes, que se están formando dentro de las encias.

Tenemos 32 dientes permanentes, esta denticion comienza a los siete años generalmente y termina a los trece, a excepción de los terceros molares o “muelas del juicio” que pueden salir de los diez y ocho a los veintitres años. En ocasiones, por falta de espacio, estas muelas salen incompletas o nunca erupcionan.

La conciencia de que solo tenemos un juego de dientes permanentes para toda la vida nos debe impulsar a darles el aseo y cuidado necesario. Existe una gran gama de variables normales en cuanto al momento de la dentición, ya que influyen factores hormonales, alimenticios y hereditarios. Si tiene dudas al respecto, consultelo con un profesional.

 

El tomillo

El tomillo es una hierba muy olorosa que se ha ocupado en la cocina y boticarios desde el tiempo de los griegos. Se le han encontrado diversos usos en la industria farmacéutica tanto por su aroma como por sus componentes. Es una planta con propiedades antisépticas, o sea que destruye bichos comunes como la salmonela, el estreptococo y el estafilococo, agentes que atacan el aparato digestivo, respiratorio y la piel. También tiene cualidades antiespasmódicas, que ayudan a aliviar el cólico y los ataques de asma.

El tomillo se puede utilizar como enjuague bucal en forma de tónico, para eliminar las bacterias de la boca que causan el mal aliento. Para las infecciones de garganta y otros problemas bronquiales, así como para las molestias digestivas, se pueden tomar hasta dos tazas al día de una infusión de tomillo. La infusión se prepara agregando un manojo de hojas frescas de tomillo al agua hirviendo, retirar del fuego y tapar por cinco minutos.

Para las lesiones en la piel como el acné, la caída del cabello, el sarampión y la sarna, el tomillo se aplica en forma de cataplasma o crema.

Se aconseja tener cierta precaución con el uso de esta hierba, ya que tomada en exceso puede causr mareo y vómito. Cuando se utilize en piel, pruebe primero en una pequeña área para descartar alergias.

 

La terapia con música y sonido

El sonido de una cascada, un concierto de música clásica y el “Ohm” de los yogis tienen algo en común: todos son sonidos con cierta vibración, que al entrar por los oídos y llegar al cerebro, lo estimulan positivamente en diversas áreas. La música modifica los sentimientos y el estado de ánimo al llegar al área límbica del cerebro, donde las emociones y los recuerdos se procesan. Por otro lado los sonidos agradables provocan relajación y un bienestar general que hace que el cerebro libere sus-tancias químicas que alivian el dolor. Se han hecho estudios en personas sometidas a cirugía, en los que se demostró menos dolor y más rápida recuperación.

La terapia con sonido ha tenido mucho éxito especialmente en personas con autismo, enfermedad de Alzheimer, la depresión o algún problema de aprendizaje, permi-tiéndoles integrarse de nuevo a su medio y comunicar sentimientos que de otra forma son difíciles de expresar. Para aquellas personas que quisieran aprender un nuevo lenguaje, una nueva forma de expresión, el aprender un instrumento o a cantar les dará una apertura propia a un mundo maravilloso de ritmos y vibraciones que al hacerlas internas traen mucho bienestar. Los niños generalmente tienen una respuesta genuina y desinhibida hacia la música, el dejarlos chiflar, tocar instrumentos, cantar y bailar asegurará su personalidad y la liberación de muchas emociones exhuberantes.