México del Norte

Jorge Mújica • mexicodelnorte@yahoo.com.mx

¿Peligra La Matrícula?

Hace unos días el Departamento del Tesoro de Estados Unidos concluyó una llamada "encuesta pública" a través de su página en Internet, acerca de los documentos que deben recibirse para abrir cuentas de banco. La tesorería no ha revelado sus resultados, pero explica que su acción se basa en la Ley Contra el Terrorismo y la Seguridad Nacional. En el fondo, dice, se trata de que los terroristas no tengan cuentas de banco en Estados Unidos.

Claro que como se supone que todos somos terroristas potenciales, especialmente los inmigrantes, la acción se ha visto como un gran complot contra la Matrícula Consular mexicana. Activistas, defensores y mediadores de la comunidad, aquí y en México, se lanzaron contra el "complot" en las páginas de Internet.

La matrícula no otorga legalidad migratoria, tiene un solo uso, y muchos ciudadanos realmente no la necesitan. Del cuarto de millón de matrículas vendidas en Chicago, sólo la mitad han sido para gente sin documentos. El resto las tienen residentes legales y ciudadanos mexicanos naturalizados estadounidenses.

La matrícula no está en peligro, como documento seguirá existiendo y el gobierno mexicano podrá seguir extendiéndola siempre y cuando alguien la compre. Lo que está en peligro es su utilidad.

La embestida contra la matrícula es para abrir cuentas bancarias y mandar dinero a México. A los gringos no les gusta que se les vayan $15,000 millones de dólares al año de esta forma.

Hace unos tres meses hubo la propuesta de establecer un impuesto a los envíos de remesas, pero no prosperó. Medio año antes del 11 de septiembre, varios bancos aceptaban abrir cuentas para los inmigrantes indocumentados, usando para ello la matrícula, la credencial de elector e incluso la credencial de CIME, la Coalición Internacional de Mexicanos en el Exterior, iniciadora de la transferencia bancaria de dólares a bajo costo. Al gobierno mexicano le gustó la idea, comenzó a trabajar con más bancos para ampliar el sistema y dio vuelo a la matrícula. Ahí fue que el documento de identificación se convirtió en documento para enviar dinero. El 11 de septiembre aceleró la acción por la matrícula y le devolvió su carácter de identificación.

El gobierno mexicano decidió hacer negocio vendiendo matrículas ante la paranoia del antiterrorismo gringo. Todo el mundo sacó su matricula.

Siempre hemos dicho que la matrícula es un negocio. Hay una docena de identificaciones oficiales mexicanas que el gobierno podría haber impulsado. Hay una en particular, que a mí me encantaría tener: la credencial de elector. Es incluso más segura que la matrícula, incluye la huella digital, es gratuita y además nos da la posibilidad de votar. Pero la avaricia del gobierno mexicano podría ser la perdición de la matrícula.