Poder diluido en una sociedad de pantallas y espectáculos

Por Jesús Timoteo Álvarez 

En apenas 20 años todo el mundo occidental ha llevado a cabo una transformación radical, un salto de era en la evolución histórica. Los medios de comunicación han sido uno de los factores básicos de dicha transformación.

En la actualidad y en torno a las pantallas (televisión, ordenador y móvil) ha quedado organizado un poderoso sector de información y comunicación en el que convergen viejas industrias culturales y medios convencionales con nuevos formatos y medios. Se trata de un hipersector de Información + Comunicación (InfCom) de acelerado crecimiento y que supone en los países europeos más del 3% del PIB.

El individuo es visto como una fuente decidida del poder político y como un factor dominante en las estrategias corporativas. Si el 90% de la población vive en y con las pantallas significa que la sociedad se mueve en mundos individualizados en los que cada cual puede ser emisor y receptor al mismo tiempo. Son mundos organizados por sumandos casi individuales con un mínimo común denominador cada vez más ancho e indefinido (lo llaman sociedad soft).

Vivimos un estadio político donde han cambiado los fundamentos mismos de la democracia: la legitimización del poder y la justificación del poder.

Estamos en un estadio superior de la democracia occidental, de Poder Diluido. Una mentalidad nueva según la cual los ciudadanos son conscientes de que tienen en sus manos, de alguna manera, sus propios destinos, de que tienen capacidad de acción a través de los medios de comunicación y de que la democracia existe sobre todo como capacidad de protesta, de acción social, de influencia de la calle. Manda aquel que consigue abrir los telediarios. No importa ser una minoría. Importa tener presencia mediática.

La presencia y la capacidad de los medios va acompañada naturalmente del desarrollo de técnicas novísimas de persuasión, promoción y marketing, conocidas como “spin” (agitar) o “basura”. Están pensadas para públicos “sordos”, para gentes que “no oyen, no escuchan, no entienden y no les interesa”. Por eso, el derecho a estar suficiente y objetivamente informados será el principio y la libertad prioritaria por el que la sociedad civil luchará en las próximas décadas.

En una realidad como la descrita, los Estados están obligados a recuperar prestigio y capacidad de acción. Deben impedir la información manipulada, a asegurar la pervivencia del poder diluido, garantizar la distribución del conocimiento y resguardar su valor.

Los medios de comunicación han reorganizado la sociedad. Definen una era histórica que nace y que es, por encima de cualquier otra apreciación, una sociedad y era mediática, de pantallas y espectáculo.