Hermano, vente pa´cá

Carlos Miguélez

El 50% de los inmigrantes viajan a España motivados por sus familiares y amigos ya asentados aquí. Así lo revela el reciente estudio de Andrés Tornos y de Rosa Aparicio, dos investigadores españoles.

Esta conclusión desafía la postura de muchos políticos que alarman a la sociedad con “los riesgos de la regularización”. Argumentan que ésta produce un efecto llamada, que existe si por llamada entendemos la comunicación transatlántica de familiares no la fácil obtención de papeles de residencia y de trabajo. Después de todo, ¿quién salta al vacío?

El estudio desafía también a los que relacionan crimen con inmigración. La familia y los amigos son un valor primordial para los que llegan.

Las remesas que envían sus familiares evidencian que se puede no sólo sobrevivir gracias al trabajo, sino también ayudar a la familia que está del otro lado del Atlántico y tener oportunidades que sus gobiernos no suelen ofrecer. Resulta irónico que quizá puedas ayudar a quienes más amas estando tan lejos de ellos que compartiendo pobres condiciones de vida.

Tener gente cercana ya asentada en España facilita obtener un trabajo y una vivienda a precio asequible. Durante el tiempo que les lleva conseguir un trabajo y adaptarse a un nuevo medio, la presencia de la familia da un colchón económico importante a los recién llegados. Esta cercanía también alivia muchos momentos de soledad, naturales en cualquier expatriado sin importar las causas de su salida.

A muchos españoles les asusta la llegada de los inmigrantes y optan por el rechazo. No caen en la cuenta de que el peligro está en los focos de inmigrantes que se han sentido marginados y defraudados por un “Primer Mundo” que tiene como estandarte los derechos sociales y muchas oportunidades. Muchos de los terroristas que han atacado Nueva York, Madrid, hoteles occidentales en Manila y Yakarta y embajadas occidentales, vivieron parte de su vida en Europa y en Estados Unidos.

No se trata de apoyar la integración como respuesta a una posible amenaza. Se trata de una cuestión de justicia. Los inmigrantes son personas que precisan de derechos y libertades para vivir y, lo más importante para cada ser, buscar la felicidad. A cambio, tendrán que aceptar las reglas de juego que ha establecido el Estado español. El reconocimiento de sus derechos políticos y su aplicación en lo social los pondrá en igualdad de condiciones que los ciudadanos europeos. Al sentirse reconocidos por la ley, sentirán suficiente apoyo y confianza para acercarse al español que tenga abierto el oído y el corazón.

Es preciso comprender las verdaderas motivaciones de los inmigrantes. La comprensión es la base del respeto y de la convivencia. Ellos valoran la familia tanto como nosotros, o quizá más. Es nuestra tarea ayudarles a realizar sus sueños.