Pequeñas armas de destrucción masiva

Por: Jorge Planelló / CCS

Son armas ligeras, algunas caben en el bolsillo y son fáciles de adquirir. Han causado la muerte de más seres humanos que las bombas de Hiroshima y Nagasaki, lo que las convierte en auténticas armas de destrucción masiva. Cuando acabe de leer este artículo habrán muerto dos personas víctimas de su uso. Cada año, este tipo de violencia acaba con la vida de más de medio millón de hombres, mujeres y niños en todo el mundo. Pero el número es aún más elevado. Además de intensificar los conflictos, el descontrol de las armas agrava la pobreza.

La diferencia con el armamento nuclear es que no existe un régimen de no proliferación para armas ligeras. Este descontrol traspasa el derecho legítimo a la defensa y favorece las situaciones de violencia. En ocasiones porque no se tienen en cuenta otros factores que condicionan el uso que se hace de las armas. Es el caso de las fuerzas policiales, que disponen de armamento, pero muchas veces no tienen sueldos dignos o una adecuada formación. “En El Salvador, menos de la mitad de los 17,000 agentes de seguridad privada habían recibido el curso de formación de cinco días que requiere la ley”.

Sin embargo, las armas de que disponen los cuerpos de policía no llegan al 3% del total en el mundo. La expansión de la cultura de la violencia es una de las causas de que el 60% de las armas ligeras sean de propiedad privada. El miedo impulsa al individuo a adquirir armas para protegerse. Este fenómeno se da con frecuencia después de algunas guerras, cuando la experiencia de situaciones extremas arrastra a la sociedad al desorden.

Más del 35% de las armas pertenecen a los ejércitos. La ONU señala la necesidad de alcanzar un equilibrio entre su uso legítimo y las necesidades sociales de cada nación. En Camboya, país que ocupa el puesto 130 en la lista del índice de desarrollo humano, un cuarto del presupuesto se destina a defensa.

Veinte de los 25 países que figuran entre los mayores clientes del principal exportador de armas en el mundo, Estados Unidos, no son democráticos o están relacionados con violaciones de los derechos humanos.

Conscientes de que el desarrollo no es compatible con la proliferación sin control de las armas ligeras, Intermón Oxfam, Amnistía Internacional y la Red Internacional de Acción sobre Armas Pequeñas (IANSA) prosiguen con su campaña Armas bajo Control. Con motivo de la Conferencia de la ONU sobre este tema, que acabó sin acuerdo alguno, acompañaron su petición de un tratado que regule este armamento con cientos de miles de firmas y rostros como apoyo a la propuesta. Llama la atención que cerca del 90% de las exportaciones conocidas provienen de miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. El control de armas no será posible mientras los beneficios del comercio de este tipo de productos se sitúen por encima del derecho a la vida.