México del Norte
Sin papeles, con pantalones

Por: Jorge Mújica Murias

En Francia, sin duda alguna, se hacen algunas cosas con más pasión. Allá no hay discusión por el nombre que les dan a los inmigrantes sin papeles: les dicen simplemente sans-papiers (“sin-papeles”).

Son aproximadamente medio millón, pero, en proporción, son más que en Estados Unidos: representan el 8% de la población, mientras que aquí son apenas el 4%.

Igual que acá, algunos sans-papiers llegan con visa de turista, y otros, no; llegan de países africanos y dicen que son “ciudadanos franceses, porque al fin y al cabo Francia era dueña de toda el África Negra”.

Igual que acá, les pagan menos de lo legal. Igual que acá, de lo poquito que sacan pagan impuestos y seguro social, y mandan sus remesas. Igual que acá, muchos se esconden porque los “polimigras” franceses los detienen en las estaciones del metro. Igual que acá, tienen los peores trabajos.

La diferencia es que los sans-papiers se tomaron la lucha por la legalización en serio, sin creer que un candidato político les iba a resolver el problema, y se pusieron en huelga. Movimiento con pasión, pues.

La huelga comenzó el 13 de febrero, dos meses después de que Francia aprobara la ley que aumenta las deportaciones y reduce las visas familiares, pero permite la migración y la regularización de sans-papiers en industrias con escasez de personal. En enero, el gobierno había pedido a los industriales y comerciantes solicitar los papeles de sus trabajadores “si los habían contratado de buena fe”, pero la solicitud era solamente para inmigrantes de los países de la Unión Europea. 

Cafecito mañanero

Así es como Fodie Konté, de Mali, y ocho compañeros del restaurante Grande Armée, en París, comenzaron una huelga. La Confederación General de Trabajadores (CGT) de Francia los apoyó sin reservas. En una semana, Francia legalizó a siete de los nueve.

La CGT, junto a la organización Droits Devant (“derechos adelante”) se llevó a Fodie y sus compañeros a difundir las buenas nuevas entre otros trabajadores indocumentados. Para el 15 de abril, una docena de negocios comenzaron la huelga, y el Primero de Mayo miles de sans-papiers marcharon junto a los trabajadores franceses. Las huelgas continuaron durante todo mayo.

Cuando los trabajadores de Samsic, servicio de limpieza, se pusieron en huelga, el jefe, Mehdi Daïri, decidió pedir los papeles de sus 300 trabajadores, y llevarles café en la mañana a los huelguistas. “Sus acciones son legítimas”, declaró. “Han estado aquí por años, han contribuido al sistema y pagado impuestos, y estamos satisfechos con su trabajo”.

Pero el que se quedó sin café mañanero fue Sarkozy, porque su restaurante predilecto, el exclusivo Café de l’Ile de la Jatte, comenzó también una huelga. Sarkozy se rindió y aceptó la legalización de los sans-papiers. Hasta julio, Francia regularizó a 400 huelguistas (el total previsto por la ley para todo el año), y hay 600 sans-papiers en 41 huelgas esperando su turno.

La CGT demanda la legalización de todos, y pide una base general de requisitos en lugar de la revisión de los casos uno por uno, como está haciendo el gobierno. Raymond Chauveau, Secretario General de la CGT en Massy, suburbio de París, dice que “esta gente está siendo reconocida como lo que son: trabajadores. Como sindicato, los ayudamos demostrando que son parte de la economía”.

Habría que tomar la clase en serio. Desde el 20 de enero de 2009, cuando asuma el nuevo presidente en Estados Unidos, hasta el Primero de Mayo, hay 100 días. Tal vez el día cien sea el día número uno de la huelga por los papeles de los sin papeles en Estados Unidos.