Por muchos años educadores y organizadores trataron de convencer a la gente de cambiar su forma de vida y vivir en un estilo más razonable. Cada domingo los pastores hablaron de ser frugal, no vivir más allá de nuestras posibilidades, etc.

Otros en nombre de la salud animaron a la gente a comer menos y ejercitar más. Los medioambientalistas exhortaron a que la gente caminara, montara en bicicleta y en general disminuyera su huella de carbón sobre el planeta.

Cada uno de esos consejos fue casi en vano, unos pocos adeptos aquí y allá ensayaban por un tiempo a ser ‘verdes’, sanos y concientes.

Sin embargo, ahora estamos prestando mayor atención, no debido a los buenos consejos sino a la economía.

Ahora nos damos cuenta de los gastos tales como los viajes y el uso del auto para cosas fútiles. Las motonetas, bicicletas e incluso caminar están ‘de moda’. También está ‘in’ reducir el consumo de carne en la dieta y aumentar el consumo de frutas y vegetales locales.

Me complace que la economía nos haya colocado en un lugar de confrontación de nuestros hábitos diarios y nos haga caer en cuenta de como gastamos en demasía, cuantas cosas botamos y como en esta sociedad tendemos a querer las ‘ventas de garage’ y las ofertas de ‘compre uno y el otro es gratis’, incluso cuando no necesitamos el segundo artículo.

En otros lugares del mundo la gente generalmente no tiene más de dos pares de pantalones y zapatos. Los autos se compran para largo tiempo y las casas son habitadas por varias generaciones, incluso al mismo tiempo. En otras culturas las iglesias no tienen grandes estacionamientos, están abiertas la mayor parte del tiempo y tienen alguna clase de ingreso adicional fuera de los diezmos y ofrendas. Recuerdo a algunas iglesias que tienen pequeñas cafeterías, librerías y empresas pequeñas similares que ayudaban a sostener sus ministerios, y todo ello en espacios que serían como una cuarta parte de los usados en EU.

En otros lugares la gente está en buen estado físico porque caminan mucho. Sus pies son el principal medio de locomoción y además cargan sobre sí el doble de su peso, ya sea en sus espaldas o en sus cabezas. Eso se puede ver en las pintorescas postales de otros lugares. Tal vez no se ven muy relajadas, pero si coloridas. Los países del primer mundo se han acostumbrado a ver tales escenas como naturales para otros, mientras que disfutan de toda comodidad sin ninguna consecuencia.

Pero ahora, la gente vive con miedo de ser envenenada por alimentos comunes como los tomates, espinaca, lechuga o chiles. Culpamos a otros países por la situación de inseguridad de la comida en EU. Mucho tiempo ha transcurrido desde que EU confiaba en sus propios recursos, hasta que empezó a tomar la tierra y los frutos de otros. La avaricia comercial ha empobrecido nuestras vidas y las de otros.

Es por todo esto que veo buenas señales de recuperación. Empezamos a ver que nuestra riqueza y salud están basadas en sobre extender nuestro alcance hasta que otros se han hecho pobres. El cambio en la economía nos está dando la oportunidad de apreciar a los granjeros y vendedores locales y de convertirnos en usuarios más creativos de nuestro medio ambiente, a la vez que nos ayuda a ver a otros pueblos como nuestros iguales.

No es la primera vez en la historia que la economía cambia la folosofía y los valores. Si miramos a los primeros colonizadores, eso nos demostraría que esta lección es una constante en la historia de la humanidad.