Por la cabeza se pudre el pez

Por Javier Sierra

¿Debería la Agencia de Protección Medioambiental (EPA) cambiarse el nombre? ¿Debería llamarse la Agencia de Protección del Compadreo? No sería mala idea, a juzgar por los escándalos que continúan sacudiendo a una entidad de la que depende el bienestar de todo un país.

Empecemos por el escándalo que se originó por donde se pudren los peces: la cabeza. En 2007, el estado de California solicitó a EPA reducir en un 30% las emisiones de carros para el año 2016. Esto hubiera obligado a la industria automotriz a producir vehículos mucho más limpios, y hubiera mejorado la calidad del aire que respira el estado con la mayor población latina del país.

Increíblemente, el administrador de EPA, Stephen Johnson, negó la solicitud alegando que los estándares de emisiones de California no se veían obligados a cumplir con “condiciones apremiantes ni extraordinarias”.

Algo le olió a podrido en la respuesta de Johnson a Henry Waxman, presidente de la Comisión de Supervisión y Reforma Gubernamental de la Cámara de Representantes, quien lo citó a declarar bajo juramento sobre la controversia. Durante la audiencia, y más tarde ante la Comisión Medioambiental y de Obras Públicas del Senado, Johnson repitió que la decisión fue sólo suya y que nada tuvo que ver la Casa Blanca con su negativa.

Pero el que mal anda, mal acaba, ya que en julio un ex alto funcionario de la EPA declaró ante la comisión senatorial que Johnson en principio decidió otorgar una excepción temporal a California, pero que luego cambió de opinión bajo presiones de la Casa Blanca.

No es esta la primera vez que la Casa Blanca usa a la EPA para proteger sus ambiciones políticas. Durante todo su mandato, el Presidente Bush ha insistido en que atacar la contaminación por calentamiento global “tendría efectos devastadores en toda nuestra economía”.

Sin embargo, su propia administración contradice radicalmente las palabras del mandatario. Un estudio de la EPA, cuya publicación bloqueó la Casa Blanca, asegura que la reducción de las emisiones de efecto invernadero generaría beneficios astronómicos en la sociedad. Las siguientes son algunas de las conclusiones del estudio:

—“Ya está disponible la tecnología para reducir significativamente las emisiones de camionetas ligeras de aquí al año 2020”.

—“Los beneficios de estos nuevos estándares sobrepasan ampliamente los costos”.

—“Los dueños de estos vehículos más eficaces amortizarían el mayor costo entre tres y siete años”.

—Presumiendo que la gasolina cueste unos 3.50 dólares por galón, “los beneficios netos para la sociedad superarían los 2 mil millones de dólares” de aquí al año 2040.

Mientras miles de familias latinas se plantean todas las semanas dónde gastar su dinero, si en el supermercado o en la gasolinera, la industria petrolera acaba de anunciar sus mayores ganancias de la historia.

Pese a estas ganancias, la industria petrolera y sus amigos en Washington sólo saben pedir más para ellos y menos para el consumidor.

Realmente, por la cabeza se pudre el pez.

Javier Sierra es columnista del Sierra Club. Visite www.sierraclub.org/ecocentro.