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  • Edición impresa de Agosto 3, 2010

Información para otro mundo posible

Durante los dos minutos que dura el resumen de un partido de fútbol en un programa de televisión cualquiera, veinte niños pierden la vida a causa del hambre. Para los medios de comunicación el tiempo es oro, pero su capacidad de influencia sobre la vida resulta todavía más valiosa. Como formadores de opinión, y en consecuencia motor de cambio en la sociedad, los medios tienen un alto grado de responsabilidad ante la permanencia de las tremendas desigualdades del sistema.

Somalia sólo aparece en las portadas de prensa, en las cabeceras de los telediarios y en los boletines radiofónicos cada vez que pescadores extranjeros, esos que llevan décadas esquilmando sus mares y aprovechándose de la debilidad del país, son secuestrados por un grupo de “piratas”. Los atentados suicidas en Afganistán sólo generan debate cuando se llevan por delante alguna víctima occidental. No es noticia la opinión del pueblo afgano, ni tampoco el hecho de que antes de ser invadidos por Estados Unidos en 2001 no se hubiera registrado acto suicida alguno en la región.

Con la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, hace ya más de seis décadas, quedaba establecido que “cada persona tiene el deber de alzar su voz, no sólo para reclamar sus propios derechos, sino también los de sus semejantes”. La radio, la prensa, la televisión y los medios de Internet deben tomar conciencia de la responsabilidad que conlleva  su capacidad de llegar a tantos millones de personas en todo el mundo.

La defensa de los Derechos Humanos es una de las tareas primordiales del periodismo y los profesionales del sector no podrán ejercer su labor si sus propios derechos humanos son vulnerados. Es por esto que la independencia de los periodistas es vital para la sociedad.

Sin embargo, por medio de la criba de contenidos, los medios focalizan la mirada de la opinión pública de forma que el proceso se convierte en un mecanismo de simplificación, una reducción de la atención social a unos cuantos temas comunes. De este modo, se definen los marcos en los que se disputan los debates y se construye una realidad común percibida por cada grupo de individuos. Una realidad deformada y muy incompleta.

No debemos conformarnos con estos  “paquetes de información” que nos ofrecen en bandeja. Internet se alza como una inmensa base de datos donde la otra realidad, así como nuestra opinión e iniciativas, sí tienen cabida. Algunos medios especializados como periodismohumano.com o librered.net apuestan por la calidad humana en el tratamiento de sus contenidos. Muchas ONG cuentan con equipo de comunicación y se han convertido en fuente de importancia para los medios.

Las redes sociales multiplican cada vez más las posibilidades de las autopistas de la información que Internet supone. Convertirnos en “vagabundos celestes de Internet” nos permite compartir información y participar a partir de una priorización y jerarquización de la información que absorbemos. El receptor autómata debe dar paso a un agente social con capacidad de movilización y de gestión de la información.

 

 


 

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