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  • Edición impresa de Agosto 3, 2010

Sin miedo por el DREAM Act

La consigna “Ya no tenemos miedo” se ha convertido en el grito de guerra de los jóvenes indocumentados que esperan que el proyecto DREAM Act que los legalizaría se haga realidad. Recientemente se lo manifestaron al líder de la mayoría demócrata del Senado, Harry Reid, al plantarse en silencio frente al senador de Nevada en una sesión de la conferencia anual de progresistas, Netroots Nation, en Las Vegas.

Por años, pero especialmente durante los pasados meses, estos jóvenes han demostrado que no tienen miedo. Por años el Congreso que dice escucharlos no ha hecho nada.

Son casi 10 años de espera. Los jóvenes “soñadores” se han agrupado, se han organizando en las redes sociales, algunos caminaron 1,500 millas de Miami a Washington, D.C., han frenado la deportación de compañeros, han conducido huelgas de hambre, se han reunido con asesores del presidente Barack Obama y con líderes del Senado, han recabado y entregado miles de peticiones por el DREAM Act, han realizado actos de desobediencia civil en oficinas de senadores y congresistas, y han sido arrestados arriesgando su deportación.

Muchos quieren ingresar a la universidad o al servicio militar; otros son universitarios pero su situación migratoria y económica conspira en su contra; otros se han graduado pero no pueden ejercer su profesión por la falta de documentos.

Todo movimiento tiene defensores y detractores. Unos criticarán las tácticas de los jóvenes. Otros dirán que se está premiando la ilegalidad aunque los hayan traído a Estados Unidos padres o familiares. Aquí se criaron, hablan inglés, están integrados a esta sociedad, pero no tienen el documento que lo compruebe.

David, uno de los jóvenes detenidos tras los recientes actos de desobediencia civil en el Senado, dijo: “Estoy cansado. Yo ya me gradué del colegio y no puedo hacer nada porque me faltan nueve números (de Seguro Social). Es lo único que me falta”.

Algunos muestran la actitud de quien no tiene nada que perder. Matías Ramos, egresado de Ciencias Políticas de la Universidad de California en Los Ángeles, tiene una orden de deportación diferida. Me dijo hace poco que trata de “no esperar mucho para que lo que pase me sorprenda”. Fue uno de los cuatro jóvenes que se plantaron frente a Reid.

Por años el DREAM Act ha gozado de apoyo bipartidista, no sólo en el Congreso. Un 70% de los estadounidenses lo apoya, así como 80% de los demócratas y 60% de los republicanos, según un reciente sondeo de First Focus.

Un sector argumenta que el avance del DREAM Act le cierra las puertas a una reforma migratoria amplia. Pero frenar el DREAM Act tampoco ha abierto esas puertas.

Reid aboga por la reforma integral pero dijo que si las organizaciones le indican que desean que se considere el  DREAM Act, “entonces dilucidaré cuándo podremos mover el DREAM Act. En ese caso, me gustaría hacerlo antes de las elecciones”. ¿Será posible?

En 2007, 38 demócratas —incluyendo al entonces senador de Illinois, Barack Obama—,  12 republicanos y dos independientes votaron para que avance el proyecto, pero no alcanzaron el mínimo de votos requerido.

Ahora solamente un senador republicano, Richard Lugar, de Indiana, ha auspiciado la medida. Y en Washington, incluso los proyectos con apoyo bipartidista son difíciles de aprobar. Los “soñadores” no tienen miedo. Lástima que no pueda decirse lo mismo de muchos políticos en Washington.

 


 

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