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  • Edición impresa de Agosto 17, 2010

La Columna Vertebral

Necesitamos ciudadanos en las urnas

Mientras el espíritu de Arizona avanza, alimentando la confusión de los que no saben, y en localidades y estados como Virginia surgen voces que pretenden acabar de una vez con el problema de la inmigración ilegal y hacerle la vida imposible a los más de 12 millones de inmigrantes indocumentados que viven en este país, muchos nos preguntamos: ¿qué se supone debemos hacer?

Lo que muchos pretenden es que nos vayamos y eso no es sólo un problema de los inmigrantes indocumentados. No, eso nos toca a todos los que tengamos acento, a los que seamos o parezcamos mexicanos, porque al fin y al cabo, en el reino de la ignorancia, el sur es una misma amalgama de seres que hablan español, vengan de donde vengan. Y el problema, ciertamente, es con todos.

La cuestión es racista, no hay duda. La cuestión está ligada al miedo milenario que ha tenido la raza humana a lo distinto, a lo diferente, a todo lo que implica la construcción de un entendimiento del otro, de un otro distinto a mí. Un otro distinto en su apariencia, un otro distinto en su hablar, un otro distinto en su creer, en su fe, en su pensar, en su vivir.

La cuestión es racista, la cuestión tiene que ver con el miedo, la cuestión es también de ignorancia y es también de oportunismo político.

Ya pasaron por aquí en sus luchas italianos, irlandeses, chinos y demás; ya pagaron su precio y de muchas formas lo siguen pagando. Ahora es el turno de la miríada de hispanos que hoy habitamos este país de valles y montañas y que no nos vamos a ir.

Así que la cuestión es también de resignación, digamos, porque hay muchos que tendrán que resignarse a que el color de su mundo cambió. Porque cambió. Falta poco para que el Censo 2010 lo certifique, pero hoy se lo digo yo, que sólo tengo que ver el mundo detrás de mi ventana para saber que está pintado con los colores que usamos los hispanos para pintar la vida.

Y entonces, es cuestión de determinación, de coraje y de optimismo. Es cuestión de unirnos como comunidad y de avanzar ayudándonos unos a otros.

Es cuestión de darle la mano al que sigue y ayudarlo en su camino, es cuestión de compartir lo que se sabe para que el otro, que es nuestro hermano, también lo sepa, es cuestión de que quien tenga la posibilidad se haga residente y de que todo el que no lo ha hecho se haga ciudadano.

Necesitamos ciudadanos en las urnas, votando por quienes defienden la justicia y pretenden un país que no separe familias, ni exija cuotas de años y sufrimiento para reunificarlas.

Necesitamos ciudadanos en las urnas, defendiendo los derechos de los inmigrantes, de los trabajadores y de los niños.

Necesitamos ciudadanos en las urnas, haciendo valer su latinidad, y construyendo un país, en el que de verdad quepamos todos. Sí, es posible. No es cuestión de miedo, es cuestión de determinación, de coraje y de optimismo.

 


 

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