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  • Edición impresa de Agosto 2, 2011

Quesadilla norteamericana

colum080211f1La brecha económica entre blancos, hispanos y afroamericanos se ha duplicado desde el estallido de la crisis económica, según el informe del Pew Research Center, que asegura que esta brecha alcanza ahora niveles récord.

El estudio relaciona el contexto económico del país, los ingresos de las familias, los valores que tienen en propiedad, la crisis inmobiliaria y la brecha económica entre distintos grupos étnicos. En 2005, las familias de hispanoamericanos y afroamericanos tenían ingresos promedio de poco más de 18,000 y 12,000 dólares respectivamente, reducidos a 6,300 y 5,700 después de la crisis económica. Las de los blancos bajaron de 135,000 a 113,000.

La crisis inmobiliaria se cebó con familias de bajos ingresos que nunca debieron acceder a la compra de una casa con esas condiciones. Los negros y los hispanos fueron los primeros que no pudieron hacer frente al alza de intereses y al encarecimiento de la hipoteca cuando estalló la burbuja inmobiliaria.

Las familias de hispanoamericanos y negros quedaron más expuestas por el derrumbe del sector de la construcción y por la crisis de los sectores de servicios. Los que se quedaron sin trabajo tenían incluso mayores dificultades para hacer frente al pago de su hipoteca y otras deudas que tenían con los bancos. Mientras aumentaran la deuda y el consumo, los bancos seguían dando cuerda. Hasta que ésta se rompió.

Aquí entra en juego lo que profesores han denunciado en los últimos años: el deterioro de la educación pública en un país que ha recortado impuestos a los más ricos con la excusa de crear más empleo. Las clases menos favorecidas han soportado una carga fiscal cada vez mayor, además del endeudamiento al que han sucumbido para mantener su nivel de consumo.

Los gobiernos estatales y locales han recortado fondos para las escuelas públicas de los cascos urbanos, donde se concentran los estudiantes de minorías étnicas y con mayores riesgos de fracaso escolar. Los colegios y bachilleratos en los suburbios blancos obtienen subsidios parecidos que no necesitan, pues las familias ya pagan por el tipo de formación que obtienen ahí.

Economistas como Jeffrey Sachs y Joseph Stiglitz insisten en la necesidad de cobrar más impuestos a las familias con mayores ingresos para mejorar la calidad de la educación pública primaria y secundaria. Esto aumentará las posibilidades de un joven de origen mexicano de acceder a la universidad, y más tarde tener un empleo digno que quizá le permitirá tejer redes de solidaridad con su familia en México. En eso consistiría un auténtico co-desarrollo que además frenaría la inmigración ilegal que tanto aprovechan políticos populistas.

El presidente Obama reconoce en público que la crisis ha castigado más a la población hispanoamericana. Sin embargo, su administración ha logrado una nueva marca en número de deportaciones de latinoamericanos: 800,000 en los dos últimos años. Sabe que su reelección como presidente depende del voto latino. Pero los datos y la oposición populista, que entona un discurso criminalizador contra los inmigrantes y bloquea las decisiones económicas más importantes del país, pueden poner en peligro ese nuevo mandato. Esto empeoraría la situación de muchas familias hispanas, presionadas por leyes estatales racistas que no tienen en cuenta todos sus aportes a la construcción de un “sueño americano” en peligro.

 

 


 

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