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  • Edición impresa de Agosto 7, 2012

Océanos al límite

La contaminación, la sobrepesca, la explotación del litoral y el cambio climático amenazan la supervivencia de cientos de especies, ecosistemas marinos y modo de vida de numerosas comunidades que dependen de ellos. Entre ellos, nosotros, los humanos.

La riqueza y diversidad de los mares, costas y sus fronteras terrestres encierra su propia fragilidad. El estrecho vínculo entre estos sistemas convierte cualquier amenaza en una catástrofe para el ecosistema.

A pesar de su vital importancia, la vida marina está desprotegida. Los arrecifes de coral y las praderas submarinas sufren una tasa de degradación cinco veces superior a la de los bosques tropicales. Sin embargo, el área marina protegida no alcanza el 0,1% de su extensión frente al 10% de protección de la superficie terrestre. Cifra insignificante, teniendo en cuenta que los océanos cubren el 71% de nuestro planeta.

La  demanda de pescado ha aumentado a un ritmo más rápido que la población. La respuesta al aumento de la demanda ha sido capturar más y más. El arrastre pesquero es la principal amenaza de la biodiversidad marina. Los grandes barcos de arrastre faenan a profundidades de 2,000 metros, destruyendo de manera indiscriminada los fondos marinos. El 98% de las especies que viven en los océanos dependen de estos fondos. Dos tercios de todas las especies de coral encuentran cobijo en aguas profundas y frías. La pesca de arrastre no sólo destruye hábitats, también se lleva consigo enormes cantidades de pesca innecesarias para el humano y vitales para el ambiente marino.

A la sobrepesca se suma la extracción de gas y petróleo en la plataforma continental. La mayoría de las reservas marinas de petróleo, gas y minerales se encuentran en aguas poco profundas. Sin embargo, la industria empieza a aventurarse hacia grandes profundidades. Para ellos se realizan exploraciones sísmicas de hasta 3,000 metros de profundidad. Las consecuencias son devastadoras. Las frágiles comunidades marinas perecen ante la intrusión del hombre.

Los vertidos urbanos, industriales y agrícolas, el excesivo consumo de agua, la erosión de las playas, la ocupación del litoral, el deterioro y la salinización de los acuíferos costeros son otros de los problemas que deben hacer frente los frágiles océanos.

Recuperar la salud de los océanos es esencial para salvaguardar nuestro planeta. Respetar las recomendaciones científicas, crear leyes y protocolos de protección de los mares y océanos son medidas necesarias para sanar sus cicatrices. Una administración internacional de los océanos y un control eficaz de las cuotas de pesca sólo son posibles con la firme voluntad de los gobiernos. Si añadimos la conciencia individual de los ciudadanos, es viable crear un nuevo ritmo de consumo, menos destructivo y más respetuoso con nuestra fuente de vida.


 

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